<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Cuentos y Leyendas</title>
	<atom:link href="http://cuentos7.info/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://cuentos7.info</link>
	<description>Cuento - Leyenda - Mexico</description>
	<lastBuildDate>Wed, 18 Jan 2012 19:29:16 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.3.1</generator>
		<item>
		<title>&#8220;El saquito roto&#8221; &#8211; Poldy Bird</title>
		<link>http://cuentos7.info/2012/01/18/el-saquito-roto-poldy-bird/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2012/01/18/el-saquito-roto-poldy-bird/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 19:29:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=79</guid>
		<description><![CDATA[. El saquito roto Poldy Bird Se llamaba María Isabel, pero le decían Nacha, no sabía por qué, y tampoco le importaba. Como tampoco le importaba que los chicos del caserío le gritaran &#8220;Nacha-cucaracha&#8221; o el almacenero le pidiera la plata antes de darle la botella de vino. Lo único que verdaderamente le importaba era [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><strong>El saquito roto</strong><br />
Poldy Bird</p>
<p>Se llamaba María Isabel, pero le decían Nacha, no sabía por qué, y tampoco le importaba. Como tampoco le importaba que los chicos del caserío le gritaran &#8220;Nacha-cucaracha&#8221; o el almacenero le pidiera la plata antes de darle la botella de vino.</p>
<p>Lo único que verdaderamente le importaba era salir de la casilla de madera y chapa, tan oscura, tan húmeda, con esa sola ventanita demasiado alta que le impedía mirar hacia afuera.</p>
<p>Salir de la casilla y buscar piedras redondas y flores amarillas en el yuyal junto a las vías del ferrocarril.</p>
<p>Allí estaba enterrado Panchito, el caracol: &#8220;¡Sacá esa inmundicia de aquí!&#8221; le había gritado la abuela cuando ella lo puso sobre la mesa, y su padre de un manotazo lo dejó triturado, tan lindo que era con sus cuernitos mojados y su casa lisa, como de cáscara de huevo.</p>
<p>Casi todos los días Nacha ponía las flores silvestres sobre la diminuta tumba marcada con una madera.</p>
<p>Después se iba a mirar cómo trabajaban los hombres que construían el puente que uniría su ciudad con otra ciudad, para eliminar la barrera. Los hombres tenían cascos amarillos y brazos musculosos, almorzaban asado, y muchos mediodías le daban un pedazo de carne sobre un trozo de pan.</p>
<p>-Tomá, para que te terminen de crecer los dientes y no parezcas una vieja desdentada- bromeaban. Y Nacha se reía, se reía, encogiendo sus hombritos flacos.</p>
<p>Como garuaba, se puso el saquito roto, no fuera a ser que se le arruinara el pulóver que le había dejado la visitadora social. Siempre le había quedado grande y, aunque hacía tiempo que lo tenía, todavía le llegaba hasta el borde de la pollera. Un chalequito gris con agujeros en los codos y manchas que no salían a pesar de los fregados.</p>
<p>Se limpió los mocos con una manga y salió, escabulléndose de la abuela, que mateaba mientras sus ojos, distraídos, perseguían un sueño o quizá nada.</p>
<p>En los charcos formados durante la noche se mojó las zapatillas. Sintió un escalofrío en todo el cuerpo, el mismo escalofrío que la sacudía cuando regresaba de su vagabundeo y estaba su madre esperándola con los brazos en jarras y los ojos furiosos.</p>
<p>-¡Mocosa callejera! ¡En vez de quedarse para ayudar a la abuela! ¡Y mírese la pinta, roñosa! ¡Me mato trabajando para que sea gente y lo único que sabe es escaparse! En cinco casas lavé y planché hoy. Cinco casas&#8230;para que el vago de su padre se lo tome en tinto y la vaga de mi hija ande por ahí como un perro perdido. Yo, a los siete años, prendía el fuego, cocinaba, bombeaba el agua, cuidaba a mis hermanos más chicos.</p>
<p>Y ahí nomás le llovían los golpes en las mejillas, en la cabeza, en el traste.</p>
<p>-Hasta que me canse y me mande a mudar. Porquerías todos.</p>
<p>La abuela se la sacaba de las manos &#8220;¡Basta, basta, te ensañas con la chica!&#8221;</p>
<p>-Es que estoy cansada&#8230;, tan cansada&#8230;Esta vaga&#8230;, igualita que el padre.</p>
<p>-Tené paciencia, la Nacha no es mala&#8230;Hace cosas de chicos&#8230;El Juan no tiene suerte, ya va a encontrar algún trabajo en firme&#8230;Yo te entiendo, claro que te entiendo&#8230;Si no tuviera las piernas enfermas te ayudaría, pero qué se le va a hacer.</p>
<p>Nacha se paró junto a las vías. Los trenes pasaban despacito por la cuestión del puente. A veces se quedaban parados un rato allí y ella miraba las caras de la gente a través de los vidrios de las ventanillas. Casi nadie reparaba en su presencia.</p>
<p>Pero esa mañana sí, una señorita muy linda se asomó, le hizo señas y le tendió un billete.</p>
<p>-Tomá, para que te compres caramelos. Un hombre de corbata, un poco más atrás, le alcanzó unas monedas. Nacha se puso a caminar a lo largo del vagón y muchos otros le entregaron dinero.</p>
<p>Era la primera vez que le ocurría. Qué buena gente pensó.</p>
<p>Cuando el tren echó a andar y se perdió a lo lejos, Nacha reía, saltaba en dos pies, en un pie, daba vueltas como una marioneta.</p>
<p>Apretó las monedas y los billetes en sus manitas amoratadas por el frío y corrió hasta su casilla.</p>
<p>-Mirá, abuela, me lo dieron en el tren&#8230;</p>
<p>Mirá&#8230;-seguía riendo, mojada, desdentada, mientras se quitaba las zapatillas y la abuela contaba el tesoro.</p>
<p>-Trescientos pesos, Nacha ¡Qué bien!</p>
<p>Otras veces paró el tren y no dieron nada &#8230;¿vos pediste?</p>
<p>-No, no pedí. Miré nomás.</p>
<p>-Vení para acá. Dejame ver&#8230;, dejame ver&#8230;Pero claro, si es ese saquito, el saquito roto. Desde mañana te lo vas a poner todos los días y te vas a quedar junto a la vía esperando que pare algún tren. Mirálos bien a los de adentro, ¿sabés?, y si no sueltan nada, vos estirá la mano para que se den cueta. ¿Entendiste? Así tu madre se pone contenta y no dice más que somos una carga. Así tu madre&#8230;se pone contenta&#8230;y no te pega más&#8230;ni piensa en irse y dejarnos solos&#8230;¿me entendiste?</p>
<p>Nacha no tiene tiempo de juntar flores amarillas para la tumba de Panchito. Tampoco tiene tiempo de hacer los deberes que le dan en la escuela -la visitadora social dijo que si no la mandaban a la escuela podrían ir presos-. Ni bien se quita el guardapolvo dudosamente blanco que le dió la cooperadora, la abuela le pone el saquito roto y la manda a las vías, a esperar los trenes que paran&#8230;</p>
<p>Hasta que anochece, Nacha se queda allí, estirando la mano, poniéndose en puntas de pie para golpear con sus nudillos los vidrios bajos de las ventanillas y avisarle a la gente que ahí está ella. Se aburre, se cansa mucho y le duelen las piernitas flacas. &#8220;Hay que aprovechar ahora, porque pronto van a terminar el puente y los trenes no se detendrán más&#8221;, dijo su padre.</p>
<p>Nacha sueña de noche con trenes veloces que la persiguen, con trenes larguísimos que pasan junto a ella sin detenerse, y se despierta con la frente mojada de sudor.</p>
<p>Pero lo peor no es eso. Lo peor es que su madre ya no se pone contenta con lo que lleva, le parece poco, le grita igual que antes, le pega igual que antes y no quiere que se saque de encima ese saquito roto por cuyos agujeros le entra todo el frío del invierno y se le escapa toda la maravilla de la infancia.</p>
<p>Poldy Bird</p>
<p style="text-align: center;"><a title="dibujos para pintar" href="http://colorear.imagenes-7.com/" target="_blank"><em>Imágenes para Colorear</em></a></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2012/01/18/el-saquito-roto-poldy-bird/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Un hermano así</title>
		<link>http://cuentos7.info/2011/11/07/un-hermano-asi/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2011/11/07/un-hermano-asi/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 07 Nov 2011 11:59:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=74</guid>
		<description><![CDATA[. . Un hermano así A Paul, un amigo mío, su hermano le regaló un automóvil por Navidad. En Nochebuena, cuando Paul salía de su despacho, encontró un pilluelo de la calle dando vueltas alrededor del brillante coche nuevo, admirándolo. —¿Es éste su coche, señor? —le preguntó. Paul asintió con la cabeza. —Me lo regaló [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<table width="468" border="0" cellspacing="0" align="center">
<tbody>
<tr>
<td height="15"><script type="text/javascript">// <![CDATA[
 google_ad_client = "pub-2198258712032778"; /* 468x15, creado 22/04/10 */ google_ad_slot = "2739811203"; google_ad_width = 468; google_ad_height = 15;
// ]]&gt;</script><br />
<script type="text/javascript" src="http://pagead2.googlesyndication.com/pagead/show_ads.js">// <![CDATA[</p>
<p>// ]]&gt;</script></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><strong>Un hermano así</strong></p>
<p>A Paul, un amigo mío, su hermano le regaló un automóvil por Navidad. En Nochebuena, cuando Paul salía de su despacho, encontró un pilluelo de la calle dando vueltas alrededor del brillante coche nuevo, admirándolo.</p>
<p>—¿Es éste su coche, señor? —le preguntó. Paul asintió con la cabeza.</p>
<p>—Me lo regaló mi hermano por Navidad —respondió. El chico se quedó atónito.</p>
<p>—¿Quiere decir que su hermano se lo dio y a usted no le costó nada? Vaya, ojalá&#8230; —se interrumpió, vacilante.</p>
<p>Por cierto, Paul sabía ya lo que el chico iba a decir: que ojalá él tuviera un hermano así. Pero lo que realmente dijo lo conmovió hasta lo más hondo.</p>
<p>—Ojalá yo pudiera ser un hermano así —continuó.</p>
<p>Paul lo miró, atónito, e impulsivamente añadió:</p>
<p>—¿Te gustaría dar una vuelta en mi coche?</p>
<p>—Oh, sí. Me encantaría.</p>
<p>Tras un corto recorrido, el chico le preguntó:</p>
<p>—Señor, ¿le importaría pasar frente a mi casa?</p>
<p>Paul esbozó una sonrisa, pensando que sabía lo que deseaba el chico: que sus vecinos vieran que él podía volver a casa en un gran automóvil. Pero otra vez se equivocaba.</p>
<p>—¿Puede detenerse allí, donde están esos dos escalones? —preguntó el niño.</p>
<p>Subió los escalones corriendo y casi en seguida Paul lo oyó regresar con lentitud. Venía trayendo en brazos a su hermanito tullido. Lo sentó en el escalón inferior y, abrazándolo fuertemente, le señaló el coche.</p>
<p>—¿Ves, Buddy, es como yo te dije? Su hermano se lo regaló por Navidad y a él no le costó ni un céntimo. Algún día yo te regalaré a ti uno igual a éste&#8230; para que tú puedas ir solo a ver todas las cosas bonitas que hay en los escaparates de Navidad, las que yo he tratado de contarte cómo son.</p>
<p>Paul bajó del coche y sentó al pequeño en el asiento inmediato al del conductor. Con los ojos brillantes, el hermano mayor se instaló junto a él, y esa víspera de Navidad los tres iniciaron un memorable paseo. Paul aprendió cuál había sido la intención de Jesús al decir: «Más bendición es dar&#8230;».<br />
<span style="color: #ffffff;">.</span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2011/11/07/un-hermano-asi/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;El juez de los abrazos&#8221; &#8211; Jack Canfield y Mark V. Hansen</title>
		<link>http://cuentos7.info/2011/09/21/el-juez-de-los-abrazos-jack-canfield-y-mark-v-hansen/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2011/09/21/el-juez-de-los-abrazos-jack-canfield-y-mark-v-hansen/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 21 Sep 2011 02:09:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=68</guid>
		<description><![CDATA[. El juez de los abrazos No me fastidiéis, ¡abrazadme! Pegatina en un parachoques Lee Shapiro es un juez retirado y también una de las personas más auténticamente amables y cariñosas que conocemos. En un momento de su carrera, Lee se dio cuenta de que el amor es el poder más grande que hay. Como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">
<span style="color: #ffffff;">.</span><br />
<strong>El juez de los abrazos</strong></p>
<p>No me fastidiéis, ¡abrazadme!</p>
<p>Pegatina en un parachoques Lee Shapiro es un juez retirado y también una de las personas más auténticamente amables y cariñosas que conocemos. En un momento de su carrera, Lee se dio cuenta de que el amor es el poder más grande que hay.</p>
<p>Como resultado de ese descubrimiento se convirtió a la religión del abrazo: empezó a dar abrazos a todo el mundo. Sus colegas comenzaron a llamarlo «el juez de los abrazos». En el parachoques de su automóvil se lee: «No me fastidiéis, ¡abrazadme!».</p>
<p>Hace más o menos seis años, Lee inventó lo que él llama su «Equipo de abrazar». Por fuera dice: «Un corazón por un abrazo» y contiene treinta corazoncitos rojos bordados con un adhesivo al dorso. Lee saca su «Equipo de abrazar», se acerca a la gente y le ofrece un corazoncito rojo a cambio de un abrazo.</p>
<p>Gracias a esta práctica ha llegado a ser tan conocido que con frecuencia lo invitan a conferencias y convenciones donde puede compartir su mensaje de amor incondicional. En una conferencia que se realizó en San Francisco, los medios de comunicación locales le plantearon el siguiente reto: «Es fácil dar abrazos en esta conferencia dirigida a personas que han venido aquí porque han querido, pero eso sería imposible en el mundo real». Y lo desafiaron a que empezara a dar abrazos por las calles de San Francisco, seguido por un equipo de televisión de la emisora local. Lee salió a la calle y abordó a una mujer que pasaba.</p>
<p>—Hola, soy Lee Shapiro, el juez de los abrazos, y doy un corazón de estos a cambio de un abrazo —explicó.</p>
<p>—Cómo no —fue la respuesta.</p>
<p>—Demasiado fácil —objetó el comentarista local. Lee miró a su alrededor y vio a una muchacha encargada de un parquímetro que lo estaba pasando mal a causa del propietario de un automóvil a quien estaba multando. Lee se encaminó hacia ella, con el cámara a su lado y le dijo:</p>
<p>—Me parece que a ti te vendría bien un abrazo. Soy el juez de los abrazos y me ofrezco a darte uno.</p>
<p>Ella aceptó.</p>
<p>—Mire, ahí viene un autobús —lo desafió el comentarista de televisión—.</p>
<p>Los conductores de autobús de San Francisco son la gente más dura, descortés y mezquina que hay en la ciudad. Vamos a ver si consigue usted que lo abracen.</p>
<p>Lee aceptó el reto. Cuando el autobús llegó a la parada, dijo al conductor:</p>
<p>—Hola, soy Lee Shapiro, el juez de los abrazos. El suyo debe de ser uno de los trabajos más agotadores del mundo. Hoy ando ofreciendo abrazos a la gente para aliviarles un poco la carga. ¿Le apetece uno?</p>
<p>El hombrón de un metro ochenta y cuatro y más de noventa kilos de peso se levantó del asiento, bajó y le dijo:</p>
<p>—¿Por qué no?</p>
<p>Lee lo abrazó, le dio un corazón y lo saludó con la mano mientras el autobús volvía a arrancar. Los del equipo de televisión estaban mudos.</p>
<p>Finalmente, el presentador dijo:</p>
<p>—Tengo que admitir que estoy muy impresionado.</p>
<p>Un día, Nancy Johnston, una amiga de Lee, llamó a su puerta. Nancy es payaso de profesión e iba vestida con su disfraz de trabajo, maquillada y con nariz postiza.</p>
<p>—Lee, coge un montón de tus «Equipos de abrazar» y vamos al hogar de incapacitados.</p>
<p>Tan pronto como llegaron, comenzaron a repartir globos, sombreros de carnaval, corazones y abrazos entre los pacientes. Lee se sentía incómodo: nunca había abrazado a nadie que tuviera una enfermedad terminal, que padeciera graves disfunciones físicas o mentales.</p>
<p>Decididamente, aquello era excesivo para dos personas. Pero pasado un rato las cosas se volvieron más fáciles, ya que se fue formando un cortejo de médicos, enfermeras y ayudantes que los seguían de un pabellón a otro.</p>
<p>Pasadas varias horas, llegaron al último pabellón donde se alojaban los treinta y cuatro casos más graves que Lee había visto en su vida. La sensación fue tan horrible que lo descorazonó; pero, dado su compromiso de compartir su amor para conseguir un cambio, Nancy y Lee empezaron a abrirse paso por la habitación, seguidos por el séquito de médicos y enfermeras, que por aquel entonces ya llevaban corazones colgados al cuello y lucían sombreros de carnaval.</p>
<p>Finalmente, Lee llegó a la última persona, Leonard, que llevaba un gran babero blanco sobre el cual babeaba incesantemente. Lee miró a Leonard, que no dejaba de babear, y después se volvió a Nancy diciéndole:</p>
<p>—Vayámonos, Nancy, a una persona así es imposible llegar.</p>
<p>—Vamos, Lee —respondió ella—. Es un ser humano como nosotros, ¿o no?</p>
<p>Y le puso un sombrero de mil colores en la cabeza. Lee sacó uno de sus corazoncitos rojos y lo pegó en el babero de Leonard. Después, tras hacer una inspiración profunda, se inclinó para abrazarlo.</p>
<p>Súbitamente, Leonard empezó a emitir un chillido. Otros pacientes empezaron a golpear cacharros. Lee se volvió hacia el personal de la sala, en busca de alguna explicación, y se encontró con que todos los presentes, médicos, enfermeras y auxiliares, estaban llorando.</p>
<p>—¿Qué es lo que pasa? —preguntó a la jefa de enfermeras.</p>
<p>Lee jamás olvidará su respuesta:</p>
<p>—En veintitrés años, es la primera vez que hemos visto sonreír a Leonard.</p>
<p>Así de sencillo es cambiar en algo la vida de la gente.</p>
<p style="text-align: center;">
<p>Jack Canfield y Mark V. Hansen<br />
<span style="color: #ffffff;">.</span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2011/09/21/el-juez-de-los-abrazos-jack-canfield-y-mark-v-hansen/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;Las ruinas circulares&#8221; &#8211; Jorge Luis Borges</title>
		<link>http://cuentos7.info/2011/08/16/las-ruinas-circulares-jorge-luis-borges/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2011/08/16/las-ruinas-circulares-jorge-luis-borges/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 16 Aug 2011 22:17:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=63</guid>
		<description><![CDATA[. &#8220;Las ruinas circulares&#8221; Nadie lo vio  desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<h1>&#8220;Las ruinas circulares&#8221;</h1>
<p>Nadie lo vio  desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no  está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra. Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza. Ese redondel es un templo que devoraron los incendios antiguos,  que la selva palúdica ha profanado y cuyo dios no recibe honor de los hombres. El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro. rastros de pies descalzos, unos higos y un cántaro le advirtieron que los hombres de la región habían espiado con respeto  su sueño y solicitaban su amparo o  temían su magia. Sintió el frío del miedo y buscó en la muralla dilapidada un nicho  sepulcral y se tapó con hojas desconocidas.</p>
<p>El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo, con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma; si alguien le hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no habría acertado a responder. Le convenía el templo inhabitado y despedazado, porque era un mínimo de mundo visible; la cercanía de los leñadores también, porque éstos se encargaban de subvenir a sus necesidades frugales. El arroz y las frutas de su tributo eran pábulo suficiente para su cuerpo, consagrado a la única tarea de dormir y soñar.</p>
<p>Al principio, los sueños eran caóticos,  poco después, fueron de naturaleza dialéctica. El forastero se soñaba en el centro de un anfiteatro circular que era de algún modo el templo incendiado: nubes de alumnos taciturnos  fatigaban las gradas; las caras de los últimos pendían a muchos  siglos de distancia y a una altura estelar, pero eran del todo precisas. El hombre les dictaba lecciones de anatomía, de cosmografía, de magia: los rostros escuchaban con ansiedad y procuraban responder con entendimiento,  como si adivinaran la importancia de aquel examen,  que redimiría a uno de ellos de su condición de vana apariencia y lo interpolaría en el mundo real. El hombre, en el sueño y en la vigilia, consideraba las respuestas de sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba un alma que mereciera participar en el universo.</p>
<p>A las nueve o diez noches comprendió con alguna amargura que nada podía esperar de aquellos alumnos que aceptaban con pasividad su doctrina y sí de aquellos que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable. Los primeros, aunque dignos de amor y de buen afecto, no podían ascender a individuos; los últimos preexistían un poco más. Una tarde (ahora también las tardes eran tribunarias del sueño, ahora  no velaba sino un par de horas en el amanecer) licenció para siempre el vasto colegio ilusorio y se quedó con un solo alumno. Era un muchacho taciturno, cetrino, díscolo a veces, de rasgos afilados que repetían los de su soñador. No lo desconcertó por mucho tiempo la brusca eliminación de los condiscípulos; su progreso, al cabo de unas pocas lecciones particulares, pudo maravillar al  maestro. sin embargo, la catástrofe sobrevino. El hombre, un día, emergió del sueño como de un desierto viscoso, miró la vana luz  de la tarde que al pronto confundió con la aurora y comprendió que no había soñado. Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él. Quiso explorar la selva, extenuarse; apenas alcanzó entre la cicuta unas rachas de sueño débil, veteadas fugazmente de visiones de tipo rudimental: inservibles. Quiso congregar el colegio y apenas hubo articulado unas  breves palabras de exhortación, éste se deformó, se borró. En la casi perpetua vigilia, lagrimas de ira le quemaban los viejos ojos.</p>
<p>Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho más  que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara. Comprendió que un fracaso inicial era inevitable. Juró olvidar la enorme alucinación que lo había desviado al principio y buscó otro método de trabajo. Antes de ejercitarlo, dedicó un mes a la reposición de las fuerzas que había malgastado el delirio. Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró dormir un trecho razonable del día. Para reanudar la tarea, esperó que el disco de la luna fuera perfecto. Luego, en la tarde, se purificó en las aguas del río, adoró los dioses planetarios, pronunció las sílabas lícitas de un nombre poderoso y durmió. Casi inmediatamente, soñó un corazón que latía.</p>
<p>Lo soñó activo, secreto, del grandor de un puño cerrado, color granate en la penumbra de un cuerpo humano aún sin cara ni sexo; con minuciosos amor  lo soñó, durante catorce lúcidas noches. Cada noche, lo percibía con mayor evidencia. No lo tocaba: se limitaba a atestiguarlo, a observarlo, tal vez a corregirlo con la mirada. Lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos. La noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro. El examen lo satisfizo. Deliberadamente no soñó durante una noche: luego retomó el corazón, invocó el nombre de un planeta y emprendió la visión de otro de los órganos principales. Antes de un año llegó al esqueleto, a los párpados. El pelo  innumerable fue tal  vez la tarea más difícil. Soñó un hombre íntegro, un mancebo, pero éste no se incorporaba ni hablaba ni podía abrir los ojos. Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.</p>
<p>En las cosmogonías gnósticas amasan un rojo Adán que no logra ponerse de pie; tan inhábil y rudo y elemental como ese Adán de polvo  era el Adán de sueño que las noches del mago habían fabricado. Una tarde, el hombre casi destruyó toda su obra, pero se arrepintió. (Más le hubiera valido destruirla.) Agotados los votos a los númenes de la tierra y del río, se arrojó a los pies de la efigie que tal vez era un tigre y  tal vez un potro, e imploró su desconocido socorro. Ese crepúsculo, soñó con la estatua. La soñó  viva, trémula: no era un atroz bastardo de tigre y potro, sino a la vez esas dos criaturas vehementes y también un toro, una rosa, una tempestad. Ese múltiple dios le reveló que su nombre terrenal era Fuego, que en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado, de suerte que todas las criaturas, excepto el Fuego mismo y el soñador, lo pensaran un hombre de carne y hueso. Le ordenó que una vez instruido en los ritos, lo enviaría al otro templo despedazado cuyas pirámides persisten aguas abajo, para que alguna voz glorificara en aquel edificio desierto. En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.</p>
<p>El mago ejecutó esas órdenes. Consagró un plazo (que finalmente abarcó dos años) a descubrirle los arcanos del universo y del culto del fuego. Íntimamente, le dolía apartarse de él. Con el pretexto de la  necesidad pedagógica, dilataba cada día las horas dedicadas al sueño.</p>
<p>También rehizo el hombro derecho, acaso deficiente. A veces, lo inquietaba una impresión de que ya todo eso había acontecido&#8230; En general, sus días eran felices; al cerrar los ojos pensaba: Ahora estaré con mi hijo. O, más raramente: El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.</p>
<p>Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces. Comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer _ y tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanqueaban río abajo, a muchas leguas de inextricable selva y de ciénaga. Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje.</p>
<p>Su victoria y su paz quedaron empañadas de hastío. En los crepúsculos de la tarde y del alba, se prosternaba ante la figura de piedra, tal vez imaginando que su hijo irreal ejecutaba idénticos ritos, en otras ruinas circulares, aguas abajo; de noche no soñaba, o soñaba como lo hacen todos los hombres. Percibía con cierta palidez los sonidos y formas del universo: el hijo ausente se nutría de esas disminuciones de su alma. El propósito de su vida estaba colmado; el hombre persistió en una suerte de éxtasis. Al cabo de un tiempo que ciertos narradores de su historia prefieren computar en años y otros en lustros, lo despertaron dos remeros a medianoche: no pudo ver sus caras, pero le hablaron de un hombre mágico en un templo del Norte, capaz de hollar el fuego y no quemarse. El mago recordó bruscamente las palabras del dios. Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el Fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma. Ese recuerdo, apaciguador al principio, acabó por atormentarlo. Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de simulacro. No ser un hombre, ser la proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable, qué vértigo! A todo padre le interesan los  hijos que ha procreado (que ha permitido) en una mera confusión o felicidad; es natural que el mago temiera por el porvenir de aquel hijo, pensado entraña por entraña y rasgo por rasgo, en mil y una noches secretas.</p>
<p>El término de sus cavilaciones fue brusco, pero lo prometieron algunos signos. Primero (al cabo de una larga sequía) una remota nube en un cerro, liviana como un pájaro; luego, hacia el Sur, el cielo que tenía el color rosado de la encía de los leopardos; luego las humaredas que herrumbraron el metal de las noches; después la fuga pánica de las bestias. Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del Fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba sonándolo.</p>
<p>Jorge Luis Borges<br />
( de &#8220;Ficciones&#8221;- 1944)</p>
<p style="text-align: center;"><a title="elefantes  fotos" href="http://klepy.com/imagenes-elefantes/" target="_blank"><em>Imágenes de Elefantes</em></a></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2011/08/16/las-ruinas-circulares-jorge-luis-borges/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;PINOCHO&#8221; &#8211; CUENTO DE COLLODI</title>
		<link>http://cuentos7.info/2011/07/10/pinocho-cuento-de-collodi/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2011/07/10/pinocho-cuento-de-collodi/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 10 Jul 2011 05:29:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=59</guid>
		<description><![CDATA[. PINOCHO CUENTO DE COLLODI El pequeño Juan Grillo caminaba a paso ligero por el campo, cuando lo sorprendió la noche. Un poco atemorizado, buscó con la mirada un sitio abrigado donde pasar la noche, y con gran alegría vio, no lejos del lugar donde estaba, una linda casita en cuya ventana se veía luz. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p style="text-align: center;"><strong>PINOCHO</strong></p>
<p>CUENTO DE COLLODI</p>
<p>El pequeño Juan Grillo caminaba a paso ligero por el campo, cuando lo sorprendió la noche. Un poco atemorizado, buscó con la mirada un sitio abrigado donde pasar la noche, y con gran alegría vio, no lejos del lugar donde estaba, una linda casita en cuya ventana se veía luz. Se acercó rápidamente, y sin hacer ruido se coló por una rendija. Se halló así en una agradable habitación, y ante un curioso espectáculo. Un viejecito alegre y simpático trabajaba con entusiasmo una madera que, poco a poco, iba tomando la forma de un muñeco. Al cabo de un rato, luego de hacer algunos cortes y retoques el buen viejo, que se llamaba Gepetto, tuvo entre sus manos un lindo muñeco de ojitos vivaces y alegres; pero con una nariz muy larga, que le daba un cómico aspecto.</p>
<p>-Eres un chico muy simpático- dijo Gepetto-. Te llamaré Pinocho, que es un bonito nombre para ti, y que sin duda te hará feliz.</p>
<p>Y muy satisfecho con su obra, y un poco cansado por el trabajo Gepetto dio las buenas noches a Pinocho y se retiró a dormir. El Grillo se disponía a hacer lo mismo, cuando de pronto vio que una luz azul iluminaba la pieza. Se volvió rápidamente, y vio entrar por la ventana a una hermosa hada: el Hada Azul, la amiga de los niños. El Hada Azul se acercó a la mesa donde Pinocho había quedado tieso y erguido tal cual lo dejó su padre, y lo tocó con su varita mágica.</p>
<p>-Ahora podrás hablar y caminar- le dijo- y si eres bueno, algún día te convertirás en un niño verdadero.</p>
<p>Y después de decir esto, desapareció.</p>
<p>Pinocho dio un salto en su mesa y lanzó un grito de alegría. Juan Grillo lo miraba asombrado, sin convencerse de lo que veía. Pinocho, al verle, lo saludó alegremente: poco después, al cabo de un rato de charla, y aun cuando Pinocho era un tanto impertinente, se habían hecho grandes amigos.</p>
<p>Al día siguiente, el buen Gepetto casi se muere de alegría al ver a su muñeco convertido en un ser animado, Desde ese momento, lo consideró como un hijo, y decidió mandarlo a la escuela. Compró libros, lápices y cuadernos, y un buen día partió Pinocho, aunque sin mucha gana, camino de la escuela. Y sucedió que en el camino encontró a un Gato ciego y a una Zorra renga que pedían limosna, y se puso a conversar con ellos. El Gato y la Zorra eran dos pillos que fingían sus desgracias par engañar a la gente; y al cabo de un rato, habían convencido a Pinocho de que eso de ir a la escuela era una tontería.</p>
<p>-Eres un chico muy simpático- dijo Gepetto-. Te llamaré Pinocho, que es un bonito nombre para ti, y que sin duda te hará feliz.</p>
<p>Y muy satisfecho con su obra, y un poco cansado por el trabajo Gepetto dio las buenas noches a Pinocho y se retiró a dormir. El Grillo se disponía a hacer lo mismo, cuando de pronto vio que una luz azul iluminaba la pieza. Se volvió rápidamente, y vio entrar por la ventana a una hermosa hada: el Hada Azul, la amiga de los niños. El Hada Azul se acercó a la mesa donde Pinocho había quedado tieso y erguido tal cual lo dejó su padre, y lo tocó con su varita mágica.</p>
<p>-Ahora podrás hablar y caminar- le dijo- y si eres bueno, algún día te convertirás en un niño verdadero.</p>
<p>Y después de decir esto, desapareció.</p>
<p>Pinocho dio un salto en su mesa y lanzó un grito de alegría. Juan Grillo lo miraba asombrado, sin convencerse de lo que veía. Pinocho, al verle, lo saludó alegremente: poco después, al cabo de un rato de charla, y aun cuando Pinocho era un tanto impertinente, se habían hecho grandes amigos.</p>
<p>Al día siguiente, el buen Gepetto casi se muere de alegría al ver a su muñeco convertido en un ser animado, Desde ese momento, lo consideró como un hijo, y decidió mandarlo a la escuela. Compró libros, lápices y cuadernos, y un buen día partió Pinocho, aunque sin mucha gana, camino de la escuela. Y sucedió que en el camino encontró a un Gato ciego y a una Zorra renga que pedían limosna, y se puso a conversar con ellos. El Gato y la Zorra eran dos pillos que fingían sus desgracias par engañar a la gente; y al cabo de un rato, habían convencido a Pinocho de que eso de ir a la escuela era una tontería.</p>
<p>-Mira, bobo &#8211; dijeron- , es mucho más divertido el teatro de títeres que funciona no lejos de aquí. Vete allí, que de todos modos tu padre no se enterará, y tu lo vas a pasar bien.</p>
<p>Pinocho se tentó; y reflexionando que, realmente, el colegio debía ser algo muy aburrido, se fue resuelto al teatrillo. Por cierto que lo pasó muy bien. Tanto le gustó, que subió al tablado, se mezcló con los títeres y divirtió a todo el mundo. Pero al cabo de un rato, ya cansado, pensó en volver a su casa. Y entonces ocurrió que el dueño del teatro no le permitió que se retirara. ¿Qué había pasado? Pues que los dos pillos, el Gato y la Zorra, habían vendido a Pinocho al dueño del teatro, como un muñeco más.</p>
<p>-He pagado por ti -decía furioso el dueño- y no permitiré que te vayas. ¿Pretendes burlarte de mí?</p>
<p>Pinocho, desesperado, se puso a llorar, ¿Qué otra cosa podía hacer? Estaba muy arrepentido de lo que había hecho, sobre todo cuando pensaba en su papá, y cada vez lloraba con más fuerza. Por fin, tantas lágrimas conmovieron al dueño dl teatro, que consintió en que se fuera; y no sólo eso, sino que, enterado de la historia de Pinocho, le dio cinco monedas de oro y un buen consejo.</p>
<p>-Llévalas a tu padre -dijo- y no dejes de obedecerle nunca.</p>
<p>Pinocho secó sus lágrimas y partió alegre y feliz, de regreso al hogar. Pero, ¡pobre muñeco! Volvió a tropezar nuevamente con el gato y la Zorra, que, saludándolo muy amablemente, le preguntaron adónde iba.</p>
<p>-Voy a casa de mi padre -dijo- a llevarle estas cinco monedas de ora que me ha dado el titiritero.</p>
<p>El Gato y la Zorra se miraron con picardía.</p>
<p>-¿Y con sólo cinco monedas estás tan contento? -dijeron-. Pues nosotros podemos conseguir todas las que queremos.</p>
<p>Pinocho abrió los ojos como platos. ¿Era verdad aquello? Y, entre asombrado y curioso, quiso saber cómo era eso. Entonces, entre risas y guiños disimulados, el Gato y la Zorra le dijeron que en el País de los Búhos existía un lugar donde se podían sembrar centavos y brotaban árboles de relucientes monedas de oro. Claro que para llegar hasta allí era necesario caminar mucho, mucho tiempo, y sobre todo, no volver para nada a casa de papá. Pinocho, enloquecido al pensar que tendría mucho más dinero si sembraba las cinco monedas que le diera el titiritero, no dudó ya. Ilusionado y feliz, dio las gracias a los dos pillos, se despidió de ellos y partió para su largo viaje al País de los Búhos. -A mi regreso -pensó- traeré los bolsillos llenos y mi padre me abrazará satisfecho. Sentirá tanta alegría entonces, que no será difícil que me perdone mi escapada.</p>
<p>Caminó, pues, Pinocho en la dirección que le habían dado, y al cabo de mucho tiempo llegó al País de los Búhos. Buscó entonces un lugar que le pareció adecuado, hizo un hoyo en la tierra y plantó las cinco monedas. Volvió a cubrir el hoyo, regó la tierra, y muy satisfecho se retiró a dormir porque ya era muy tarde. Al día siguiente volvió presuroso al lugar. No había allí ningún árbol con monedas; nada más que los mismos árboles comunes que viera el día anterior. Entonces, un poco asustado, comenzó a remover la tierra, buscando sus cinco monedas; no las halló tampoco. Y en esto estaba, cuando de pronto sintió, desde lo alto de un árbol, una estridente carcajada. Levantó los ojos y vio que, sentado en la rama de un árbol, un papagayo de brillantes colores lo miraba burlonamente y se reía a más y mejor.</p>
<p>-¿Por qué te ríes? -preguntó Pinocho, que se sentía muy afligido.</p>
<p>-Me río de los tontos -dijo el papagayo- que creen que sembrando centavos brotarán árboles de monedas.</p>
<p>-¿Y acaso no es eso verdad? -preguntó Pinocho.</p>
<p>-Mira -respondió el papagayo-, la única verdad es que tú siembras las monedas, y cuando te vas, vienen dos pillos y te las roban. So se llama engañar a los bobos.</p>
<p>Pinocho lo comprendió todo al fin; lloró desconsoladamente, y como siempre cuando se sentía desdichado, pensó en su padre y deseó volver a su lado. Emprendió, pues, el camino de regreso a su hogar, y poco más adelante, tuvo la feliz sorpresa de sentir a su lado al buen Juan Grillo, que no lo abandonaba nunca en los momentos difíciles. Llevaban ya mucho tiempo de andar por el sendero que conducía a su casa, cuando sintieron de pronto un alegre tintineo de campanillas. Pinocho se volvió, y vio venir hacia él un enorme coche, algo así como una diligencia, tirada por burros y cargada de niños que reían y charlaban.</p>
<p>Se detuvo Pinocho, y cuando estuvieron junto a él, el cochero le invitó a subir.</p>
<p>-¿Adónde van? -preguntó Pinocho.</p>
<p>-Vamos al País de los Juguetes -respondió el nombre, que tenía cara de pocos amigos-. Allá los niños se pasan el día jugando, sin pensar en ir a la escuela, ni hacer los deberes. ¿Quieres venir con nosotros?</p>
<p>Pinocho, sin pensarlo más, aceptó; y a pesar del mal aspecto del cochero, subió al coche y partió con la alegre caravana. Tras él subió también Juan Grillo, el fiel amigo que lo seguía en sus aventuras.</p>
<p>Después de mucho andar, llegaron por fin al delicioso País de los Juguetes. Bajaron todos los niños del coche y fueron acomodándose en las casitas que se levantaban en el país. ¡Se sentían todos tan felices! Era una alegría no acordarse de maestros, ni de escuelas, ni deberes, ni de todas esas cosas tan aburridas. Y en cuanto a Pinocho, por supuesto, ya ni se acordaba de su papá. Siempre le sucedía lo mismo cuando se sentía feliz.</p>
<p>Entre todos aquellos niños de carne y hueso, encontró nuestro muñeco un amigo, con quien jugaba y paseaba los días enteros. Y ocurrió que un día en que Pinocho fue a buscarle a su casa, su amigo se negó a salir. Pinocho no volvía de su asombro. El niño tenía puesto el sombrero, pero no quería acompañarlo. Tanto insistió Pinocho, que al cabo su compañero, con la cara enrojecida de vergüenza, le confesó la verdad: quitóse el gorro, y Pinocho, con los ojos abiertos como platos, vio que a su amigo le habían crecido las orejas como las de un burro. Asustado, quiso echar a correr, pero no tenía fuerzas. Y de pronto, aumentó su temor: pensó que también a él podía pasarle lo mismo. Se acercó temblando a un espejo, y rojo de vergüenza, vio allí reflejado su rostro con dos enormes orejas puntiagudas. y no era eso solo; había algo peor todavía. Además de las orejas de burro, una larga cola salía por los pantalones de los dos niños. ¡Cómo lloró Pinocho! ¡Y cómo suplicó a Juan Grillo, el fiel amigo, que lo sacara de allí! Quería volver junto a su padre, ir a la escuela, y no ser nunca un burro de feas orejas. Juan Grillo, le ayudó como siempre, y un día feliz huyeron los dos de aquel país en busca de Gepetto.</p>
<p>Después de muchos días de viaje, llegaron por fin a la linda casita del buen viejo. Pinocho Bailaba de contento, y el corazón le saltaba alegremente en el pecho, tanta era su emoción. Pero no habían terminado sus desdichas. En lugar de Gepetto, hallaron allí una carta suya explicando que había salido al mar en busca de Pinocho, y que lo había devorado una ballena. Otra vez corrieron abundantes lágrimas por las mejillas de madera de Pinocho, y otra vez rogó a Juan Grillo que lo acompañara a buscar a su papá.</p>
<p>Se fueron, pues, caminando hasta la orilla del mar, y allí tomaron una pequeña barca. Las olas los sacudían a veces con fuerza, pero Pinocho sólo pensaba ahora en su padre y no sentía temor alguno. De pronto, allá muy lejos, vieron en medio del mar una forma oscura que parecía una isla.</p>
<p>-¡Mira, Grillo! -gritó Pinocho- ¡Esa es la ballena!</p>
<p>Así era, en efecto. Se acercaron lentamente, y cuando llegaron pudieron ver con gran alegría que la ballena estaba profundamente dormida y con la boca abierta. Aquella enorme boca parecía una verdadera cueva; Pinocho, decidido, saltó de la barca y se metió por ella. Juan Grillo le siguió.</p>
<p>Empezaron así a recorrer el largo túnel del interior de la ballena, que cada vez se hacía más oscuro. Pinocho tocaba las paredes para guiarse, y llamaba a su papá. Pero nadie le contestaba. Por fin, de pronto, lanzó un grito de alegría. Había visto una pequeña lucecita.</p>
<p>-Grillo, aquella lámpara debe ser la de papá -dijo.</p>
<p>Así era. Gepetto, sentado frente a una mesa, escribía a la luz de la lámpara. Pinocho se lanzó corriendo hacia él y le tendió los brazos. ¡Con cuánta emoción lo abrazó Gepetto, y cómo lloraron los dos con alegría al verse! Pero no había que perder tiempo. Era preciso salir antes que la ballena despertase. Con muchas precauciones salieron los tres por donde habían entrado y volvieron a la barca. La enorme ballena siguió durmiendo tranquilamente.</p>
<p>Cuando por fin estuvieron otra vez reunidos en la tranquila casita, Pinocho contó a su padre todo cuanto le había sucedido desde que se separara de él, y le suplicó que lo perdonara. Gepetto quería tanto a su muñeco, que no le costó ningún trabajo perdonarlo, sobre todo porque advirtió que Pinocho estaba sinceramente afligido por todo lo que había hecho. -No me iré nunca de tu lado, papá querido- aseguraba el muñeco- y te prometo que voy a ir a la escuela.</p>
<p>Y así estaban, felices y contentos, cuando otra vez como en la noche que nació Pinocho, iluminó la salita una viva luz azul, y apareció el Hada. Se acercó suavemente, y dijo:</p>
<p>-Pinocho, a pesar de ser muy travieso, tienes buenos sentimientos. Quieres mucho a tu padre, y estás muy arrepentido de haberlo afligido tanto. Estoy segura de que poco a poco te irás corrigiendo. Y para premiarte por todo el cariño que sientes por tu buen papá, he de convertirte en un niño verdadero de carne y hueso; y espero que llegarás a ser un hombre de provecho.</p>
<p>Al decir esto, lo tocó con su varita mágica, y desapareció. De este modo, el simpático muñeco de madera, el de la larga nariz, quedó convertido en un niño verdadero. Y fue un hijo excelente para Gepetto.</p>
<p><em>CUENTO EXTRAÍDO DEL LIBRO &#8220;TIERRAS DE ENCANTO&#8221; de la editorial sigmar Soc. Resp. Ltda. de la segunda edición Julio 1949 impreso en la Argentina, en Buenos Aires en los Talleres Gráficos de la Cia. General Fabril Financiera.</em><br />
<span style="color: #ffffff;">.</span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2011/07/10/pinocho-cuento-de-collodi/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Cuento: &#8220;El Asesino&#8221; &#8211; Stephen King</title>
		<link>http://cuentos7.info/2011/06/04/cuento-el-asesino-stephen-king/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2011/06/04/cuento-el-asesino-stephen-king/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 04 Jun 2011 00:43:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=56</guid>
		<description><![CDATA[. . El Asesino Repentinamente se despertó sobresaltado, y se dio cuenta de que no sabía quien era, ni que estaba haciendo aquí, en una fábrica de municiones. No podía recordar su nombre ni que había estado haciendo. No podía recordar nada. La fábrica era enorme, con líneas de ensamblaje, y cintas transportadoras, y con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<table border="0" cellspacing="0" width="468" align="center">
<tbody>
<tr>
<td height="15"><script type="text/javascript">// <![CDATA[
 google_ad_client = "pub-2198258712032778"; /* 468x15, creado 22/04/10 */ google_ad_slot = "2739811203"; google_ad_width = 468; google_ad_height = 15;
// ]]&gt;</script><br />
<script src="http://pagead2.googlesyndication.com/pagead/show_ads.js" type="text/javascript">
</script></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span><br />
<strong>El Asesino</strong></p>
<p>Repentinamente se despertó sobresaltado, y se dio cuenta de que no sabía quien era, ni que estaba haciendo aquí, en una fábrica de municiones. No podía recordar su nombre ni que había estado haciendo. No podía recordar nada.</p>
<p>La fábrica era enorme, con líneas de ensamblaje, y cintas transportadoras, y con el sonido de las partes que estaban siendo ensambladas.</p>
<p>Tomó uno de los revólveres acabados de una caja donde estaban siendo, automáticamente, empaquetados. Evidentemente había estado operando en la máquina, pero ahora estaba parada.</p>
<p>Recogía el revólver como algo muy natural. Caminó lentamente hacia el otro lado de la fabrica, a lo largo de las rampas de vigilancia. Allí había otro hombre empaquetando balas.</p>
<p>&#8220;¿Quién Soy?&#8221; &#8211; le dijo pausadamente, indeciso.</p>
<p>El hombre continuó trabajando. No levantó la vista, daba la sensación de que no le había escuchado.</p>
<p>&#8220;¿Quién soy? ¿Quién soy?&#8221; &#8211; gritó, y aunque toda la fábrica retumbó con el eco de sus salvajes gritos, nada cambió. Los hombres continuaron trabajando, sin levantar la vista.</p>
<p>Agito el revólver junto a la cabeza del hombre que empaquetaba balas. Le golpeó, y el empaquetador cayó, y con su cara, golpeó la caja de balas que cayeron sobre el suelo.</p>
<p>El recogió una. Era el calibre correcto. Cargó varias más.</p>
<p>Escucho el click-click de pisadas sobre él, se volvió y vio a otro hombre caminando sobre una rampa de vigilancia. &#8220;¿Quién soy?&#8221; &#8211; le gritó. Realmente no esperaba obtener respuesta.</p>
<p>Pero el hombre miró hacia abajo, y comenzó a correr.</p>
<p>Apuntó el revólver hacia arriba y disparó dos veces. El hombre se detuvo, y cayó de rodillas, pero antes de caer, pulsó un botón rojo en la pared.</p>
<p>Una sirena comenzó a aullar, ruidosa y claramente.</p>
<p>&#8220;¡Asesino! ¡asesino! ¡asesino!&#8221; &#8211; bramaron los altavoces.</p>
<p>Los trabajadores no levantaron la vista. Continuaron trabajando.</p>
<p>Corrió, intentando alejarse de la sirena, del altavoz. Vio una puerta, y corrió hacia ella.</p>
<p>La abrió, y cuatro hombres uniformados aparecieron. Le dispararon con extrañas armas de energía. Los rayos pasaron a su lado. Disparó tres veces más, y uno de los hombres uniformados cayó, su arma resonó al caer al suelo.</p>
<p>Corrió en otra dirección, pero más uniformados llegaban desde la otra puerta. Miró furiosamente alrededor. ¡Estaban llegando de todos lados! ¡Tenía que escapar!</p>
<p>Trepó, más y más alto, hacia la parte superior. Pero había más de ellos allí. Le tenían atrapado. Disparó hasta vaciar el cargador del revolver.</p>
<p>Se acercaron hacia él, algunos desde arriba, otros desde abajo. &#8220;¡Por favor! ¡No disparen! ¡No se dan cuenta que solo quiero saber quien soy!&#8221;</p>
<p>Dispararon, y los rayos de energía le abatieron. Todo se volvió oscuro&#8230;</p>
<p>Les observaron como cerraban la puerta tras él, y entonces el camión se alejó. &#8220;Uno de ellos se convierte en asesino de vez en cuando,&#8221; dijo el guarda.</p>
<p>&#8220;No lo entiendo,&#8221; dijo el segundo, rascándose la cabeza. &#8220;Mira ese. ¿Qué era lo que decía? Solo quiero saber quién soy. Eso era. Parecía casi humano. Estoy comenzando a pensar que están haciendo esos robots demasiado bien.&#8221;</p>
<p>Observaron al camión de reparación de robots desaparecer por la curva.</p>
<p>Stephen King</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2011/06/04/cuento-el-asesino-stephen-king/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;EL SILENCIO DE LAS SIRENAS&#8221; &#8211; Franz Kafka.</title>
		<link>http://cuentos7.info/2011/03/29/el-silencio-de-las-sirenas/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2011/03/29/el-silencio-de-las-sirenas/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 29 Mar 2011 05:03:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=50</guid>
		<description><![CDATA[. EL SILENCIO DE LAS SIRENAS. Prueba de que también medios insuficientes y hasta pueriles pueden servir para la salvación: Para guardarse de las sirenas, Ulises se tapó los oídos con cera y se hizo encadenar al mástil. Algo semejante podrían, naturalmente, haber hecho desde tiempo antiguo los viajeros, con excepción de aquellos a quienes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><strong>EL SILENCIO DE LAS SIRENAS.</strong></p>
<p>Prueba de que también medios insuficientes y hasta pueriles pueden servir para la salvación:</p>
<p>Para guardarse de las sirenas, Ulises se tapó los oídos con cera y se hizo encadenar al mástil. Algo semejante podrían, naturalmente, haber hecho desde tiempo antiguo los viajeros, con excepción de aquellos a quienes las sirenas atraían desde lejos, pero en el mundo entero se reconocía que ese recurso no podía servir para nada. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, y la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Pero Ulises no pensó en ello, si bien quizá algo habría llegado a sus oídos. Confiaba por completo en los trocitos de cera y en la atadura de las cadenas, y con la inocente alegría que le ocasionaba su estratagema marchó al encuentro de las sirenas.</p>
<p>Pero éstas tienen un arma más terrible aún que el canto: su silencio. Aunque no ha sucedido, es quizá imaginable la posibilidad de que alguien se haya salvado de su canto, pero de su silencio ciertamente no. Ningún poder terreno puede resistir la soberbia arrolladora generada por el sentimiento de haberlas vencido con las propias fuerzas.</p>
<p>Y, en efecto, al llegar Ulises, no cantaron las cantantes poderosas; fuera porque creyesen que a aquel adversario sólo podía vencérselo con el silencio, o porque la contemplación de la felicidad reflejada en el rostro de Ulises, que no pensaba sino en cera y cadenas, les hiciera olvidar todo canto.</p>
<p>Pero Ulises, para expresarlo así, no oía su silencio, creía que cantaban y que sólo él se hallaba exento de oírlas. Fugazmente vio primero las curvas de los cuellos, la respiración profunda, los ojos arrasados en lágrimas, los labios entreabiertos, pero creyó que esto pertenecía a las melodías que se alzaban, inaudibles, en torno de él. Más pronto todo se deslizó fuera del campo de sus miradas puestas en la lejanía, las sirenas desaparecieron ante su resolución, y, precisamente cuando más próximo estaba, ya no supo de esos seres nada más.</p>
<p>Ellas, empero –más hermosas que nunca -, se erguían y se contoneaban, las chorreantes cabelleras ondulando libremente al viento y las garras abiertas sobre las rocas. No querían ya seducir, sino sólo apresar, mientras fuese posible, el fulgor de los grandes ojos de Ulises.</p>
<p>De haber tenido conciencia, las sirenas habrían sido destruidas aquel día. Pero allí quedaron, y sólo ocurrió que Ulises escapó de entre sus manos.</p>
<p>Aquí, por lo demás, se ha transmitido un agregado. Se dice que Ulises era tan rico en astucias, y tan zorruno, que las mismas deidades del destino no podían penetrar en lo más íntimo de su fuero interno. Aunque ello no sea ya concebible para el entendimiento humano, quizá notó realmente que las sirenas callaron, y opuso a las sirenas y dioses, en cierta manera como escudo.</p>
<p>Franz Kafka.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2011/03/29/el-silencio-de-las-sirenas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;El collar de perlas&#8221; &#8211; William Somerset Maugham</title>
		<link>http://cuentos7.info/2011/02/20/el-collar-de-perlas-william-somerset-maugham/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2011/02/20/el-collar-de-perlas-william-somerset-maugham/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 20 Feb 2011 14:33:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=46</guid>
		<description><![CDATA[. El collar de perlas William Somerset Maugham Yo estaba predispuesto a sentir antipatía por el señor Kelada aun sin haberlo conocido. La guerra acababa de terminar y el tráfico de pasajeros en las líneas oceánicas era intenso. Era difícil encontrar lugar y había que tomar lo que ofrecieran los agentes. No se podía esperar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p style="text-align: center;"><strong>El collar de perlas</strong></p>
<p>William Somerset Maugham</p>
<p style="text-align: left;">
<p>Yo estaba predispuesto a sentir antipatía por el señor Kelada aun sin haberlo conocido. La guerra acababa de terminar y el tráfico de pasajeros en las líneas oceánicas era intenso. Era difícil encontrar lugar y había que tomar lo que ofrecieran los agentes. No se podía esperar un camarote para uno solo, y yo agradecía el mío con sólo dos camas. Pero cuando escuché el nombre de mi compañero mi corazón se hundió. Sugirió puertas cerradas y la exclusión total del aire nocturno. Ya era bastante malo compartir un camarote por catorce días con cualquiera (yo viajaba de San Francisco a Yokohama), pero habría sido menos mi consternación si el nombre de mi compañero de cuarto hubiera sido Smith o Brown.</p>
<p>Cuando subí a bordo ya se encontraba ahí el equipaje del señor Kelada. No me gustó su aspecto, había demasiadas etiquetas en las valijas y el baúl de ropa era demasiado grande. Había desempacado sus objetos para el baño y observé el excelente Monsieur Coty; porque en el lavabo estaba su perfume, su jabón para el pelo y su brillantina.</p>
<p>Los cepillos del señor Kelada, ébano con su monograma en oro, habrían estado mejor para una friega. El señor Kelada no me gustaba en absoluto. Fui al salón fumador. Pedí un paquete de cartas y empecé a jugar paciencia.</p>
<p>Apenas había empezado cuando un hombre vino y me preguntó si no se equivocaba al pensar que mi nombre era tal y tal.</p>
<p>-Yo soy Kelada -añadió con una sonrisa que dejaba ver una fila de dientes brillantes, y se sentó.</p>
<p>-Oh, sí, compartimos un camarote, creo.</p>
<p>-Eso es suerte, diría yo. Uno nunca sabe con quién lo van a poner, me alegré cuando supe que usted era inglés. Soy partidario de que nosotros los ingleses nos congreguemos cuando estamos en el extranjero, usted me entiende.</p>
<p>Parpadeé.</p>
<p>-¿Es usted inglés? -pregunté, quizá con falta de tacto.</p>
<p>-Bastante. ¿Usted no creerá que soy estadounidense, o sí? Británico hasta la médula, eso es lo que soy.</p>
<p>Para probarlo, el señor Kelada sacó su pasaporte del bolsillo y lo desplegó bajo mi nariz.</p>
<p>El rey Jorge tiene muchos súbditos extraños. El señor Kelada era bajo y de complexión robusta, bien afeitado y de piel oscura, con una nariz carnosa y ganchuda y ojos grandes y brillantes. Su cabello era negro y levemente rizado. Hablaba con una fluidez en la que no había nada inglés y sus gestos eran exuberantes. Estuve seguro de que una inspección más detenida a su pasaporte habría traicionado el hecho de que el señor Kelada hubiera nacido bajo el cielo azul que suele verse en Inglaterra.</p>
<p>-¿Qué toma usted? -me preguntó.</p>
<p>Lo mire con vacilación. La prohibición estaba en vigor y todo indicaba que el barco estaba seco. Cuando no estoy sediento no sé que me desagrada más, si el ginger ale o el refresco de limón. Pero el señor Kelada me dirigió una brillante sonrisa oriental.</p>
<p>-Whisky con soda o un martini seco, usted solo tiene que decirlo.</p>
<p>Sacó un frasco de cada uno de sus bolsillos y los puso en la mesa ante mí. Escogí el martini, y llamando al camarero ordenó una jarra de hielo y un par de vasos.</p>
<p>-Muy buen coctel -dije yo.</p>
<p>-Bueno, hay muchos más en el lugar de donde vino éste, y si tiene amigos a bordo, dígales que tiene un camarada que posee todo el licor del mundo.</p>
<p>El señor Kelada era platicador. Habló de Nueva York y de San Francisco. Discutió obras de teatro, películas y política. Era patriótico. La bandera inglesa es un buen paño, pero cuando es ondeada por un el señor de Alejandría o Beirut, no puedo evitar sentir que de algún modo pierde algo de su dignidad. El señor Kelada era familiar. No deseo darme aires, pero no puedo evitar sentir que lo apropiado para un extraño total es poner “señor” antes de mi nombre cuando se dirige a mí. El señor Kelada, sin duda para que yo me sintiera cómodo, no empleaba tal formalidad. No me gustaba el señor Kelada. Yo había hecho a un lado las cartas cuando se sentó, pero ahora, pensando que para esta primera ocasión nuestra plática ya había durado bastante, seguí con mi juego.</p>
<p>-El tres sobre el cuatro -dijo el señor Kelada.</p>
<p>No hay nada más exasperante cuando usted está jugando paciencia que le digan dónde poner la carta que ha volteado antes de que la haya visto usted mismo.</p>
<p>-Está saliendo, está saliendo -gritó él-. El diez sobre la jota.</p>
<p>Furioso, di por terminado el solitario.</p>
<p>Entonces él tomó el paquete.</p>
<p>-¿Le gustan los juegos de cartas?</p>
<p>-No, odio los juegos de cartas -contesté.</p>
<p>-Sólo le mostraré este.</p>
<p>Me mostró tres. Entonces dije que bajaría al salón comedor y apartaría lugar a la mesa.</p>
<p>-Oh, eso está bien -dijo él-. Ya aparté un lugar para usted. Pensé que como estábamos en el mismo cuarto podríamos sentarnos en la misma mesa.</p>
<p>Repito que no me era simpático el señor Kelada.</p>
<p>No sólo compartía un camarote con él y comía con él tres comidas al día, sino que no podía caminar por el puente sin su compañía. Era imposible desairarlo. A él nunca se le ocurriría que no fuera deseado. Estaba seguro de que usted sería tan feliz de verlo como él a usted. En su propia casa usted lo habría sacado a patadas y cerrado la puerta en su cara sin que él tuviera la sospecha de que no era un visitante bienvenido. Era bueno para relacionarse y en tres días conocía a todos a bordo. Manejaba todo. Manejaba las loterías, conducía las subastas, recogía el dinero para los premios a los deportes, entregaba fichas y dirigía los juegos de golf, organizaba el concierto y el baile de trajes típicos. Estaba en todas partes siempre. Con certeza, era el hombre más odiado en el mundo. Lo llamábamos el señor sabelotodo, incluso en su cara. Lo tomaba como un halago. Pero era en las comidas cuando resultaba más intolerable. La mayor parte de una hora nos tenía a su merced. Era entusiasta, jovial, locuaz y argumentativo. Sabía todo mejor que cualquiera, y era una afrenta a su sobresaliente vanidad que usted estuviera en desacuerdo con él. No soltaría un tema, sin importar qué poco importante fuera, hasta que lo hubiera llevado a su propia forma de pensar. Nunca se le ocurrió la posibilidad de estar equivocado. Era el tipo que sabía.</p>
<p>Nos sentamos ante la mesa del doctor. El señor Kelada impondría su estilo, porque el doctor era perezoso y yo era un indiferente total, excepto por un hombre llamado Ramsay que también se sentó ahí. Era tan dogmático como el señor Kelada y resentía amargamente la arrogancia levantina. Las discusiones que tuvieron fueron encendidas e interminables. Ramsay estaba en el servicio consular estadounidense y radicado en Kobe. Era un gran tipo corpulento del medio oeste, con grasa suelta debajo de una piel apretada, y se desbordaba en su ropa de almacén. Regresaba a su puesto, luego de recoger a su mujer en Nueva York que había pasado un año ahí. La señora Ramsay tenía su gracia, con formas agradables y sentido del humor. El servicio consular es mal pagado, y ella se vestía muy sencillo, pero sabía cómo portar su ropa. Lograba un efecto de serena distinción. No le habría prestado ninguna atención especial, pero ella poseía una cualidad que puede ser bastante común entre las mujeres, pero actualmente no es común en su apariencia. En ella brillaba como una flor en un frac.</p>
<p>Una noche en la cena la conversación derivó por suerte sobre el tema de las perlas. En los periódicos habían aparecido muchas notas sobre las perlas cultivadas que estaban fabricando los astutos japoneses, y el doctor señaló que éstas disminuirían el valor de las verdaderas inevitablemente. Ya eran muy buenas y pronto serían perfectas. El señor Kelada, como era su costumbre, se arrojó sobre el nuevo tema. Nos dijo todo lo que había que saber sobre las perlas. Yo no pensé que Ramsay supiera nada sobre ellas en absoluto, pero no pudo resistirse a tener un choque con el levantino, y en cinco minutos estábamos en medio de una discusión acalorada. Antes había visto a Kelada vehemente y voluble, pero nunca tan vehemente y voluble como ahora. Al fin, algo que dijo Ramsay lo prendió, porque dio un puñetazo en la mesa y gritó.</p>
<p>-Bueno, yo debo saber de lo que hablo, voy a Japón para ver este asunto de las perlas japonesas. Estoy en el negocio y no existe un hombre que les diga que lo que yo digo sobre las perlas es falso. Conozco las mejores perlas del mundo, y lo que yo no sepa de perlas no vale la pena saberlo.</p>
<p>Esto era una noticia para nosotros, porque el señor Kelada, con toda su locuacidad, no había dicho a nadie cuál era su negocio. Sabíamos vagamente que iba a Japón para alguna diligencia comercial. Miró alrededor de la mesa en forma triunfal.</p>
<p>-Nunca serán capaces de hacer una perla cultivada que un experto como yo no pueda detectar con medio ojo -señaló el collar que llevaba la señora Ramsay-. Puede creerme, señora Ramsay, ese collar que usted lleva nunca valdrá un centavo menos que ahora.</p>
<p>La señora Ramsay se ruborizó con modestia y deslizó el collar dentro de su vestido. Ramsay se aproximó. Nos miró mientras asomaba una sonrisa en sus ojos.</p>
<p>-Es un bonito collar el de la señora Ramsay. ¿No es así?</p>
<p>-Lo percibí de inmediato -contestó el señor Kelada- y, me dije: &#8220;No cabe duda: son perlas legítimas&#8221;.</p>
<p>-No las compré yo mismo, claro está. Me interesaría saber cuánto piensa usted que cuestan.</p>
<p>-Oh, en el comercio por ahí unos quince mil dólares. Pero si se compró en la Quinta Avenida no me sorprendería que se hubieran pagado hasta treinta mil dólares.</p>
<p>Ramsay sonrió secamente.</p>
<p>-Sin duda le sorprendería saber que la señora Ramsay compró ese collar, la víspera de nuestra salida de Nueva York, por dieciocho dólares en uno de los grandes almacenes de la ciudad.</p>
<p>El señor Kelada enrojeció.</p>
<p>-Nada de eso. No sólo es legítimo, sino es un collar tan bueno por su tamaño como nunca he visto.</p>
<p>-¿Apostaría por eso? Le apuesto cien dólares a que es imitación.</p>
<p>-De acuerdo.</p>
<p>-Oh, Ulmeh, no puedes apostar sobre un hecho cierto -dijo la señora Ramsay.</p>
<p>Ella tenía una sonrisa gentil en los labios y un tono suavemente desaprobatorio.</p>
<p>-¿No puedo? Si tengo la oportunidad de obtener dinero así de fácil sería un gran tonto si no lo tomara.</p>
<p>-¿Pero cómo puede probarse? -añadió ella-. Sólo es mi palabra contra la del señor Kelada.</p>
<p>-Déjeme mirar el collar, y si es una imitación se lo diré de inmediato. Puedo permitirme perder cien dólares -dijo el señor Kelada.</p>
<p>-Quítatelo, querida. Deja que el caballero lo mire tanto como quiera.</p>
<p>La señora Ramsay dudó un momento. Llevó sus manos al broche.</p>
<p>-No puedo quitármelo -dijo-. El señor Kelada tendrá que dar por buena mi palabra.</p>
<p>Tuve una súbita sospecha de que iba a ocurrir algo desafortunado, pero no se me ocurrió nada qué decir.</p>
<p>Ramsay brincó.</p>
<p>-Yo lo desataré.</p>
<p>Le entregó el collar al señor Kelada. El levantino sacó una lupa de su bolsillo y lo examinó detenidamente. Una sonrisa de triunfo se extendió en su suave cara morena. Regresó el collar. Estaba a punto de hablar. De repente observó el rostro de la señora Ramsay. Estaba tan blanca que parecía a punto de desmayarse. Lo miraba con ojos muy abiertos y una expresión de terror. Parecía una súplica desesperada; era tan claro que me pregunté por qué su marido no lo veía.</p>
<p>El señor Kelada se detuvo con la boca abierta. Se ruborizó profundamente. Usted casi podía ver el esfuerzo que hacía para vencer su convicción.</p>
<p>-Me equivoqué -dijo-. Es una muy buena imitación, pero claro, tan pronto como lo vi bajo mi lupa me di cuenta que no era real. Creo que dieciocho dólares es lo más que podría darse por esa bagatela.</p>
<p>Sacó del bolsillo un billete de cien dólares. Se lo entregó a Ramsay sin decir palabra.</p>
<p>-Tal vez eso le enseñe a no ser tan obcecado la próxima vez, mi joven amigo -dijo Ramsay al tomar el billete.</p>
<p>Percibí un temblor en las manos del señor Kelada.</p>
<p>La historia se esparció por el barco como hacen las historias, y tuvo que soportar muchas bromas esa noche. Se consideraba todo un triunfo haberlo vencido en algo. Pero la señora Ramsay se retiró a su cuarto con un fuerte dolor de cabeza.</p>
<p>Por la mañana me levanté y empecé a rasurarme. El señor Kelada yacía en su cama fumando un cigarro. De repente escuché el pequeño sonido de un roce y vi una carta que empujaban por debajo de la puerta. Abrí la puerta y miré. No había nadie. Levanté la carta y vi que estaba dirigida a Max Kelada. Estaba escrita en letras negras. Se la entregué.</p>
<p>-¿De quién será? -preguntó al abrirlo-.¡Oh! -exclamó, sacando del sobre no una carta sino un billete de cien dólares. Me miró y se ruborizó. Rompió el sobre y me dijo entregándomelo:</p>
<p>-¿Podría arrojarlos por la ventanilla?</p>
<p>Así lo hice, y entonces observé una velada sonrisa.</p>
<p>-A nadie le gusta que lo vean como un perfecto idiota -dijo.</p>
<p>-Entonces, ¿las perlas eran legítimas? &#8211; le pregunté.</p>
<p>-Si yo tuviera una esposa joven y bonita, como esa, no la dejaría pasar un año en Nueva York mientras yo estuviera en Kobe -dijo él.</p>
<p>En ese momento no me fue tan antipático del todo el señor Kelada. Sacó su cartera y puso en ella el billete de cien dólares.</p>
<p style="text-align: center;">
FIN</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.wallpaper7.info/" target="_blank"><em>Wallpapers</em></a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2011/02/20/el-collar-de-perlas-william-somerset-maugham/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;La fábula de los ciegos&#8221; &#8211; Hermann Hesse</title>
		<link>http://cuentos7.info/2011/01/17/la-fabula-de-los-ciegos-hermann-hesse/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2011/01/17/la-fabula-de-los-ciegos-hermann-hesse/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 17 Jan 2011 19:45:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=40</guid>
		<description><![CDATA[. La fábula de los ciegos Durante los primeros años del hospital de ciegos, como se sabe, todos los internos detentaban los mismos derechos y sus pequeñas cuestiones se resolvían por mayoría simple, sacándolas a votación. Con el sentido del tacto sabían distinguir las monedas de cobre y las de plata, y nunca se dio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p style="text-align: center;"><strong>La fábula de los ciegos</strong></p>
<p style="text-align: left;">
<p>Durante los primeros años del hospital de ciegos, como se sabe, todos los internos detentaban los mismos derechos y sus pequeñas cuestiones se resolvían por mayoría simple, sacándolas a votación.</p>
<p>Con el sentido del tacto sabían distinguir las monedas de cobre y las de plata, y nunca se dio el caso de que ninguno de ellos confundiese el vino de Mosela con el de Borgoña.</p>
<p>Tenían el olfato mucho más sensible que el de sus vecinos videntes.</p>
<p>Acerca de los cuatro sentidos consiguieron establecer brillantes razonamientos, es decir que sabían de ellos cuanto hay que saber, y de esta manera vivían tranquilos y felices en la medida en que tal cosa sea posible para unos ciegos.</p>
<p>Por desgracia sucedió entonces que uno de sus maestros manifestó la pretensión de saber algo concreto acerca del sentido de la vista.</p>
<p>Pronunció discursos, agitó cuanto pudo, ganó seguidores y por último consiguió hacerse nombrar principal del gremio de los ciegos.</p>
<p>Sentaba cátedra sobre el mundo de los colores, y desde entonces todo empezó a salir mal.</p>
<p>Este primer dictador de los ciegos empezó por crear un círculo restringido de consejeros, mediante lo cual se adueñó de todas las limosnas.</p>
<p>A partir de entonces nadie pudo oponérsele, y sentenció que la indumentaria de todos los ciegos era blanca.</p>
<p>Ellos lo creyeron y hablaban mucho de sus hermosas ropas blancas, aunque ninguno de ellos las llevaba de tal color.</p>
<p>De modo que el mundo se burlaba de ellos, por lo que se quejaron al dictador.</p>
<p>Éste los recibió de muy mal talante, los trató de innovadores, de libertinos y de rebeldes que adoptaban las necias opiniones de las gentes que tenían vista.</p>
<p>Eran rebeldes porque, caso inaudito, se atrevían a dudar de la infalibilidad de su jefe. Esta cuestión suscitó la aparición de dos partidos.</p>
<p>Para sosegar los ánimos, el sumo príncipe de los ciegos lanzó un nuevo edicto, que declaraba que la vestimenta de los ciegos era roja.</p>
<p>Pero esto tampoco resultó cierto; ningún ciego llevaba prendas de color rojo.</p>
<p>Las mofas arreciaron y la comunidad de los ciegos estaba cada vez más quejosa.</p>
<p>El jefe montó en cólera, y los demás también.</p>
<p>La batalla duró largo tiempo y no hubo paz hasta que los ciegos tomaron la decisión de suspender provisionalmente todo juicio acerca de los colores.</p>
<p>Un sordo que leyó este cuento admitió que el error de los ciegos había consistido en atreverse a opinar sobre colores.</p>
<p>Por su parte, sin embargo, siguió firmemente convencido de que los sordos eran las únicas personas autorizadas a opinar en materia de música.</p>
<p style="text-align: center;">
Hermann Hesse</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2011/01/17/la-fabula-de-los-ciegos-hermann-hesse/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;SUEÑO DE FLAUTAS&#8221; &#8211; HERMANN HESSE</title>
		<link>http://cuentos7.info/2010/10/30/sueno-de-flautas-hermann-hesse/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2010/10/30/sueno-de-flautas-hermann-hesse/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 30 Oct 2010 03:21:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=34</guid>
		<description><![CDATA[. SUEÑO DE FLAUTAS HERMANN HESSE «Toma esto», dijo mi padre, y me alcanzó una pequeña flauta de hueso, «tómala y no olvides a tu anciano padre cuando alegres a la gente con tu música en países lejanos. Es tiempo de que veas el mundo y aprendas algo. He mandado hacer esta flauta, porque no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0" cellspacing="0" width="468" align="center">
<tbody>
<tr>
<td height="15"><script type="text/javascript">// <![CDATA[
 google_ad_client = "pub-2198258712032778"; /* 468x15, creado 22/04/10 */ google_ad_slot = "2739811203"; google_ad_width = 468; google_ad_height = 15;
// ]]&gt;</script><br />
<script src="http://pagead2.googlesyndication.com/pagead/show_ads.js" type="text/javascript">
</script></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">.</span><br />
<strong>SUEÑO DE FLAUTAS</strong><br />
HERMANN HESSE</p>
<p>«Toma esto», dijo mi padre, y me alcanzó una pequeña flauta de hueso, «tómala y no olvides a tu anciano padre cuando alegres a la gente con tu música en países lejanos. Es tiempo de que veas el mundo y aprendas algo. He mandado hacer esta flauta, porque no te gusta ninguna otra tarea, excepto cantar. Piensa también que debes tocar siempre canciones bonitas y amables, de lo contrario sería malgastar el don que Dios te ha concedido. »</p>
<p>Mi querido padre entendía poco de música, era un erudito. Él pensaba que yo no tenía más que soplar en la linda flauta para que todo anduviera bien. Como no lo quería despojar de su creencia, le agradecí, guardé la flauta y procedí a despedirme.</p>
<p>Nuestro valle me era conocido hasta el gran molino del caserío; detrás comenzaba el mundo, y debo admitir que me gustó mucho. Una abeja fatigada de volar se había posado sobre mi manga, y la llevé conmigo para tener, en mi primer descanso, un mensajero que llevara enseguida mis saludos a la patria que dejaba atrás.</p>
<p>Bosques y praderas acompañaban mi camino, y muy lozano también el río me acompañaba. Descubrí que el mundo se diferenciaba poco de mi patria. Los árboles y flores, las espigas de trigo y los avellanos me hablaban; yo cantaba sus canciones con ellos, y ellos me comprendían, como en casa. De pronto mi abeja despertó, se arrastró despaciosamente hasta mi hombro, levantó el vuelo y giró dos veces en torno a mí con su zumbido dulce y profundo; luego se orientó rectamente hacia atrás, hacia el hogar.</p>
<p>En eso surgió del bosque una muchacha joven, que llevaba un cesto en el brazo y un sombrero de paja de ala ancha que dejaba en sombras la rubia cabeza.</p>
<p>«Dios te guarde», le dije, «¿adónde vas?»</p>
<p>«Debo llevar la comida a los segadores», dijo. Y se puso a caminar a mi lado. «¿Y tú, dónde quieres ir?»</p>
<p>«Voy a conocer el mundo, mi padre me ha enviado. Él cree que yo debo tocar mi flauta en público, ante la gente, pero yo no sé hacerlo bien todavía, antes debo aprender mucho.»</p>
<p>«Bueno, bueno. ¿Y qué sabes hacer en realidad? Porque algo debes saber.»</p>
<p>«Nada en especial. Puedo cantar canciones.»</p>
<p>«¿Qué clase de canciones?»</p>
<p>«De todo tipo ¿sabes? A la mañana y a la noche, ¿a los árboles, a las bestias, a las flores. Ahora, por ejemplo, podría cantar una canción bonita acerca de una muchacha joven que sale del bosque para llevar la comida a los segadores.»</p>
<p>«¿Puedes hacerlo? ¡Cántala entonces!»</p>
<p>«Lo haré, pero, ¿cómo te llamas?»</p>
<p>«Brigitte.»</p>
<p>Entonces entoné la canción de la linda Brigitte con el sombrero de paja, y lo que llevaba en el cesto, y de cómo las flores la miraban cuando pasaba y los vientos azules la seguían a lo largo del cerco del jardín, y todo lo relacionado con ello. Atendió seriamente a la canción, y me dijo que era buena. Y cuando le comenté que estaba hambriento, levantó la tapa del cesto y extrajo un pedazo de pan. Mientras yo le echaba el diente con ahinco, al tiempo que continuaba ágilmente la marcha, ella me dijo: «No se debe comer a la carrera. Una cosa después de la otra». Entonces nos sentamos sobre la hierba, yo comí mi pan y ella se abrazó las rodillas con sus manos bronceadas y me miró.</p>
<p>«¿Quieres volver a cantarme alguna otra cosa?». preguntó cuando dejé de comer.</p>
<p>«Con gusto. ¿Qué quieres que cante?»</p>
<p>«Algo acerca de una chica que está triste porque ha sido abandonada por su novio.»</p>
<p>«No, no puedo. No conozco eso, y tampoco debe uno estar triste. Mi padre dijo que debo cantar siempre canciones graciosas y amables. Te cantaré algo acerca del cuclillo o de la mariposa.»</p>
<p>«Y de amor, ¿no sabes ninguna?» preguntó luego.</p>
<p>«¿De amor? Oh sí, eso es lo más lindo de todo.»</p>
<p>Enseguida empecé una canción acerca de cómo el rayo de sol está enamorado de las rojas amapolas y juega con ellas lleno de alegría. Y de la hembra del pinzón, cuando aguarda al pinzón y al llegar éste vuela como si estuviera asustada. Y seguí cantando acerca de la muchacha de ojos pardos y del joven que llega y canta y recibe un pan de regalo; pero ahora no quiere más pan, quiere un beso de la doncella y quiere ver dentro de sus ojos pardos, y canta y canta hasta que ella empieza a sonreír y le cierra la boca con sus labios.</p>
<p>Entonces Brigitte se inclinó y cerró mi boca con sus labios; luego cerró los ojos y los volvió a abrir. Y yo miré las estrellas cercanas de un dorado oscuro y en ellas estábamos reflejados yo mismo y un par de blancas flores del prado.</p>
<p>«El mundo es muy hermoso», dije, «mi padre tenía razón. Pero ahora te ayudaré a llevar estas cosas hasta donde está esa gente.»</p>
<p>Tomé su cesto y proseguimos el camino. Su paso sonaba con el mío y su alegría coincidía con la mía, y el bosque hablaba delicado y fresco desde la montaña. Yo nunca había caminado tan contento. Durante un largo rato canté con fuerza, hasta que tuve que cesar de puro exceso; era demasiado todo lo que susurraba y hablaba desde el valle y la montaña, desde la hierba y el follaje, desde el río y los matorrales.</p>
<p>Entonces pensé: si pudiera comprender y cantar al mismo tiempo las mil canciones del universo, del pasto y las flores, de los hombres y las nubes, de la floresta y el bosque de pinares, y también de los animales. Y asimismo todas las canciones de los mares lejanos y las montañas, de las estrellas y la luna; y si todo eso pudiera simultáneamente resonar en mi interior y ser cantado, entonces yo sería como el buen Dios y cada canción debería ser como una estrella en el cielo.</p>
<p>Pero mientras yo pensaba de este modo, lo cual me había dejado silencioso y maravillado, pues antes jamás se me habían ocurrido cosas así, Brigitte se detuvo y sujetó firmemente el asa del cesto.</p>
<p>«Ahora debo subir», dijo. «Allá arriba está nuestra gente. ¿Y tú, a dónde vas? ¿Por qué no vienes conmigo?»</p>
<p>«No, no puedo ir contigo. Tengo que ver el mundo. Muchas gracias por el pan, Brigitte, y por el beso. Pensaré en ti.»</p>
<p>Ella tomó su cesto con la comida; y otra vez sus ojos de sombras pardas se inclinaron sobre mí, y sus labios se adhirieron a los míos. Su beso fue tan bueno y dulce, que casi me puse triste de pura felicidad. Entonces le dije adiós y marché presuroso carretera abajo.</p>
<p>La muchacha subió lentamente por la montaña; se detuvo bajo el follaje que caía al borde del bosque, y miró hacia abajo donde yo estaba. Y cuando le hice señas y, agité el sombrero sobre mi cabeza, inclinó ella la suya una vez más y desapareció en silencio, como una imagen, entre la sombra de las hayas.</p>
<p>Yo, por mi parte, continué tranquilo el camino sumido en mis pensamientos, hasta que el sendero dio la vuelta en un recodo.</p>
<p>Allí había un molino, y junto al molino se hallaba una barca en el agua. Un hombre sentado en la barca parecía estar esperándome; en efecto, cuando me saqué el sombrero y subí a bordo, la barca comenzó a navegar enseguida río abajo. Me senté en la mitad de la embarcación, y el hombre atrás, al timón. Y cuando le pregunté a dónde íbamos, levantó la vista y me miró con ojos grises y velados.</p>
<p>«Donde quieras», dijo con voz apagada. «Río abajo hacia el mar o a las grandes ciudades, la elección es tuya. Todo me pertenece.»</p>
<p>«¿Todo te pertenece? ¿Entonces eres el rey?»</p>
<p>Quizá dijo él. «Y tú eres un poeta, según creo. ¡Cántame entonces una canción de viaje!»</p>
<p>Me infundía temor ese hombre serio y sombrío, y además nuestra barca navegaba tan rápido y sin ruido río abajo, que saqué fuerzas de flaqueza y canté acerca del río que lleva las naves y en el que se refleja el sol; el río, que es más ruidoso en contacto con las orillas rocosas y termina alegremente su peregrinaje.</p>
<p>El semblante de aquel hombre permanecía impasible; cuando finalicé, asintió silenciosamente, como uno que sueña. Y enseguida, ante mi asombro, él mismo comenzó a cantar. Y también cantó acerca del río y del viaje del río por los valles, y su canción era más bella y vigorosa que la mía, pero todo sonaba muy distinto.</p>
<p>El río, tal como él lo cantaba, bajaba como un ser destructor dando tumbos desde las montañas, hosco y salvaje, rechinando los dientes al sentirse refrenado por los molinos y presionando por los puentes; odiaba a todos los barcos que debía sostener; y bajo sus olas, y entre largas y verdes plantas acuáticas, mecía sonriente los blancos cuerpos de los ahogados.</p>
<p>Nada de esto me gustaba; pero su tono era tan hermoso y enigmático que quedé completamente confundido, y angustiado callé. Si lo que aquel cantor viejo, sutil e inteligente cantaba con su voz sofocada era cierto, entonces todas mis canciones habían sido nada más que tontería, torpes juegos infantiles. Entonces el mundo no era básicamente bueno y lleno de luz, como el corazón de Dios, sino opaco y sufriente, malo y sombrío; los bosques no susurraban de placer, susurraban de dolor.</p>
<p>Seguimos navegando. Las sombras se hicieron más largas, y cada vez que yo comenzaba a cantar mi voz sonaba menos clara, e iba apagándose. Y cada vez el extrafío cantor respondía con una canción que hacía al mundo más y más incomprensible y doloroso, y a mí me dejaba más y más desconcertado y triste.</p>
<p>Me dolía el alma, y sentía no haberme quedado en tierra junto a las flores o al lado de la bella Brigitte; para consolarme, empecé a cantar en la oscuridad creciente, con voz fuerte a través del rojo resplandor del anochecer, la canción de Brigitte y de sus besos.</p>
<p>Entonces se inició el ocaso y enmudecí. El hombre al timón cantó, y también él cantó del amor y del placer del amor, de ojos oscuros y ojos azules, de labios rojos y húmedos, y era hermoso y conmovedor lo que cantaba Reno de pena a medida que oscurecía sobre el río. Pero en su canción el amor era también lúgubre y temible, y se había convertido en un secreto mortal, dentro del cual los hombres, extraviados y dolidos, tanteaban entre penurias y anhelos, y se torturaban y mataban los unos a los otros.</p>
<p>Yo escuchaba y quedé muy fatigado y entristecido, como si hubiera estado viajando durante años a través de la mayor miseria y aflicción. Sentía que del desconocido emanaba y se deslizaba en mi corazón una permanente, silenciosa, fría corriente de pena y mortal angustia.</p>
<p>«Así que la vida no es lo más elevado y hermoso», dije finalmente con amargura, «sino la muerte. Entonces te ruego, olí triste monarca, que cantes una canción a la muerte.»</p>
<p>El hombre al timón cantó de la muerte, y cantó más bellamente que antes. Pero tampoco era la muerte lo más hermoso y alto, tampoco en ella había consuelo. La muerte era vida, y la vida muerte, y estaban enzarzadas entre sí en un furioso combate de amor, y esto era lo último y el sentido del mundo, y de allí se desprendía un resplandor que podía, a pesar de todo, alabar toda miseria, pero también una sombra que enturbiaba todo placer y belleza rodeándolos de tiniebla. Pero desde esa tiniebla ardía el placer más bella e íntimamente, y el amor ardía más profundo en medio de esa noche.</p>
<p>Yo escuchaba y me había quedado totalmente en silencio; no existía en mí otra voluntad que la del extranjero. Su mirada descansó sobre mí, callada y con una cierta bondad melancólica, y sus ojos grises estaban cargados del dolor y la belleza del mundo. Me sonrió, y entonces cobré ánimos y le rogué en mi necesidad: «¡Ah, retorna, por favor! Tengo miedo aquí en la noche, quisiera volver a la casa de mi padre, o volver para encontrar a Brigitte.»</p>
<p>El hombre se levantó y señaló la noche; el farol resplandeció claramente sobre su rostro enjuto e imperturbable. «Ningún camino va hacia atrás», dijo seria y amablemente, «hay que proseguir siempre hacia delante, si se quiere conocer el mundo. Y de la muchacha de los ojos oscuros ya has tenido lo mejor y más hermoso, y cuanto más te alejes de ella, tanto más hermoso y mejor será. Pero marcha hacia donde quieras; te daré mi lugar al timón.»</p>
<p>Yo me hallaba tremendamente entristecido, pero sabía que él tenía razón. Lleno de nostalgia pensé en Brigitte y en mi país y en todo lo que había sido hasta entonces cercano, luminoso y mío, y en todo lo que había perdido. Pero en ese momento iba a tomar el sitio del extraño y conducir el timón. Así debía ser.</p>
<p>Me levanté en silencio y me dirigí a través de la barca al asiento del timonel; el hombre se acercó a mí también en silencio, y cuando estuvimos el uno frente al otro me miró fijamente a la cara y me dio su farol.</p>
<p>Pero cuando me senté al timón y hube afianzado el farol junto a mí, me encontré solo en la barca; advertí con un profundo estremecimiento que el hombre había desaparecido. Sin embargo, no me sentía asustado, lo había presentido. Me parecía que el hermoso día de viaje, Brigitte, mi padre y la patria habían sido sólo un sueño, y que yo era un viejo apenado y que siempre había viajado a través de aquel río nocturno.</p>
<p>Comprendí que no debía llamar a ese hombre, y el reconocimiento de la verdad se desplomó sobre mí como una helada.</p>
<p>Para saber lo que ya presentía, me incliné sobre el agua y alcé el farol, y desde la negra superficie me miró un rostro penetrante y serio con ojos grises, un rostro viejo y sabio. Era el mío.</p>
<p>Y como ningún camino lleva hacia atrás, continué el viaje por las aguas oscuras a través de la noche.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2010/10/30/sueno-de-flautas-hermann-hesse/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;LA LLAMA VIVA&#8221; &#8211;  Mamerto Menapace</title>
		<link>http://cuentos7.info/2010/09/07/la-llama-viva-mamerto-menapace/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2010/09/07/la-llama-viva-mamerto-menapace/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 07 Sep 2010 22:48:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=31</guid>
		<description><![CDATA[. &#8220;LA LLAMA VIVA&#8221; Mamerto Menapace Había una vez un pueblo de luciérnagas. Habitaban la falda de un cerro, en medio de las espesura del bosque, con claros para sus juegos y matorrales para guarecerse durante los días de tormenta. La población tenía dos variantes: una llevaba las luces cerca de sus ojos y las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p style="text-align: center;"><strong>&#8220;LA LLAMA VIVA&#8221;</strong></p>
<p style="text-align: center;">Mamerto Menapace</p>
<p style="text-align: left;">
<p>Había una vez un pueblo de luciérnagas. Habitaban la falda de un cerro, en medio de las espesura del bosque, con claros para sus juegos y matorrales para guarecerse durante los días de tormenta.</p>
<p>La población tenía dos variantes: una llevaba las luces cerca de sus ojos y las mantenía permanentemente encendidas. Eran las tacas, o tucos. La otra, en cambio tenía su luz en el vientre pudiendo encenderla o apagarla a su gusto. Esta variedad constituia la mayoría. Se los llamaba simplemente bichitos de luz. En las noches tibias de verano su resplandor podía verse desde lejos y su fosforescencia iluminaba todo el pueblo.</p>
<p>Muy lejos de allí, del otro lado del valle oscuro y misterioso, brillaba otra luz. Lejana, y sin embargo tremendamente presente, aquella luz parecía tener vida propia. No era de la misma calidad que la de los demás bichos.</p>
<p>Era una luz viva. Aunque permanecía siempre en el mismo lugar atraía poderosamente la mirada y hasta la curiosidad de nuestro pueblo de diminutas luminarias. Su existencia y el misterio de su brillo en las noches tenía intrigadas a todas las luciérnagas. Habían surgido varias teorías para explicar su existencia. Algunas se basaban en el miedo. Otras se burlaban de ella llegando hasta faltarle el respeto. Muchos la veneraban, víctimas de un extraño embrujo , se reverenciaban ante ella como se reverencia lo desconocido, pero misterioso y fascinante. En todo caso, nadie la podía negar. Salvo los miopes o los ocupadísimos. Aunque también estos en las noches oscuras previas a las tormentas se veían obligados a reconocer su existencia.</p>
<p>Alguna vez había que tomar una decisión.</p>
<p>Entonces se convino en convocar a una asamblea general. Allí se discutió, se aventuraron hipótesis nuevas tratando de conciliar posturas irreductibles. Pero nadie quedó satisfecho. Quizá lo único que quedaba en claro era que alguien tendría que arriesgarse y traer respuestas acerca de la luz.</p>
<p>Varios propusieron a varios. Finalmente se levantó la luciérnaga más inteligente. Ella iría a ver, y luego contaría la verdad. Sólo pedía que, para posibilitar su retorno, la noche del regreso todas tuvieran sus luces encendidas al máximo. Como era inteligente temía extraviarse en el tenebroso valle intermedio.</p>
<p>Y partió. Con la vista clavada en su objeto fue fácil orientarse. Atravesó la oscuridad, dándose cuenta de que cada vez ésta era menos densa a medida que se acercaba a la luz. Y llegó. El amplio ventanal de un castillo estaba abierto ante ella dando entrada al gran salón en cuyo centro ardía un enorme cirio. El resplandor era tan intenso que tuvo que cerrar los ojos para no quedar deslumbrada. Con gran precaución comenzó a volar en derredor de la llama a la máxima distancia posible, pegada a las paredes del lugar. Su asombro crecía a cada instante, Realmente aquella luz era maravillosa. No solamente brillaba, como lo hacían las luciérnagas, sino que alumbraba y deslumbraba. Su riqueza de luminosidad era tan grande que se derramaba sobre cada objeto y lo convertía en brillante. Todo parecía participar del regalo de esa llama y ella recibía sus formas y sus colores.</p>
<p>Con los ojos llenos de aquel espectáculo, retornó al pueblo. Al principio se orientó por la memoria, pero, poco a poco se le fue haciendo visible el resplandor de sus hermanas que alumbraban el regreso. A su llegada contó con lujo de detalles todo lo visto. Había quedado embelesada por aquella luz tan rica que se derramaba sobre todas las cosas y permitía verlas, distinguirlas, reconocerlas. Respondió a todas las preguntas que le hicieron y lo único que logró fue aumentar en su pueblo la fascinación y el ansia de conocer en profundidad la verdad de aquella luz. Porque ella sólo había visto. No había tocado, no había sentido, no podía decir nada, en verdad, sobre la luz misma. Sólo podía informar sobre sus efectos.</p>
<p>Se hacía necesario insistir. Y esta vez se ofreció la más corajuda.</p>
<p>Orientada como su amiga sobrevoló el valle tenebroso poniendo proa hacia el castillo. Entró por el ventanal y luego de imitar a su predecesora, hizo alarde de su coraje y comenzó a acercarse a la llama. Comenzó a sentir su calor. Constató que le comunicaba vida, fuerza, energía. Se sintió revitalizada y con nuevos bríos. Se le fue el frío que traía de su largo vuelo. Le pareció renacer. Y llena de alegría por su descubrimiento, se lanzó hacia la oscuridad de la noche rumbo a su pueblo que la esperaba ansioso.</p>
<p>Su llegada conmocionó a todos.. Su entusiasmo era tal que ella misma parecía hacer partícipes a sus compañeras de aquello que había logrado asimilar de la Llama Viva, fuente de calor y energía. Casi no necesitaba explicar lo sucedido. Se diría que ella misma irradiaba lo vivido. Y esto, en vez de calmar la ansiedad y la fascinación de las luciérnagas, terminó por plantearles con fuerza inusitada la pregunta:</p>
<p>-¿Quién es esa luz?</p>
<p>A esta pregunta la corajuda no podía responder. Ella podía hablar de los efectos sentidos, del calor y de la vida. Pero no tenía experiencia de la llama misma. A pesar de su coraje no se había animado a tocar. Temía entregarse a algo desconocido y que podría haberla consumido&#8230;</p>
<p>Pero la pregunta estaba planteada y había que responderla. ¿Quién se ofrecería?</p>
<p>En medio del silencio se sintió una voz chiquita y arrobadora. Era la de la soñadora.</p>
<p>- ¡Voy yo! -dijo sin dudar.</p>
<p>El asombro fue mayúsculo. Nadie la tomaba en serio en el pueblo de luciérnagas. Tenía una imaginación tan frondosa! y un lenguaje tan fantasioso, que cuando quería explicar algo nadie le entendía. ¡Vaya a saber qué explicación traería a su regreso!</p>
<p>Pero su deseo de volar era tan grande y su voluntad tan inquebrantable que partió, fascinada por la luz. Entró por el amplio ventanal con los ojos dilatados clavados en la Llama Viva. Y se dejó seducir. ..</p>
<p>Desde el lejano pueblo se vio un instantáneo, pequeñísimo estallido de luz. Y allá se quedó ardiendo, unida para siempre a la llama que no consume, asume.</p>
<p>Nunca regresó para llevar respuestas. Se quedó allá generando preguntas.<br />
Desde entonces en el pueblo de luciérnagas se sabe que algo de ellas les manda mensajes de luz desde la Llama Viva.</p>
<p>Entre ellas sigue habiendo inteligentes y corajudas. Y seguramente seguirá habiendo soñadoras.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2010/09/07/la-llama-viva-mamerto-menapace/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;LA ROSA DE PARACELSO&#8221; &#8211; Jorge Luis Borges</title>
		<link>http://cuentos7.info/2010/08/30/la-rosa-de-paracelso-jorge-luis-borges/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2010/08/30/la-rosa-de-paracelso-jorge-luis-borges/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 30 Aug 2010 14:07:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=28</guid>
		<description><![CDATA[. LA ROSA DE PARACELSO En su taller, que abarcaba las dos habitaciones del sótano, Paracelso pidió a su Dios, a su indeterminado Dios, a cualquier Dios, que le enviara un discípulo. Atardecía. El escaso fuego de la chimenea arrojaba sombras irregulares. Levantarse para encender la lámpara de hierro era demasiado trabajo. Paracelso, distraído por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong>LA ROSA DE PARACELSO</strong></p>
<p>En su taller, que abarcaba las dos habitaciones del sótano, Paracelso pidió a su Dios, a su indeterminado Dios, a cualquier Dios, que le enviara un discípulo. Atardecía. El escaso fuego de la chimenea arrojaba sombras irregulares. Levantarse para encender la lámpara de hierro era demasiado trabajo. Paracelso, distraído por la fatiga, olvidó su plegaria. La noche había borrado los polvorientos alambiques y el atanor cuando golpearon la puerta. El hombre, soñoliento, se levantó, ascendió la breve escalera de caraco1 y abrió una de sus hojas. Entró un desconocido. También estaba muy cansado. Paracelso le indicó un banco; el otro se sentó y esperó. Durante un tiempo no cambiaron una palabra.</p>
<p>El maestro fue el primero que habló.</p>
<p>-Recuerdo caras del Occidente y caras del Oriente -dijo no sin cierta pompa-. No recuerdo la tuya. ¿Quién eres y qué deseas de mí?</p>
<p>-Mi nombre es lo de menos -replicó el otro-. Tres días y tres noches he caminado para entrar en tu casa. Quiero ser tu discípulo. Te traigo todos mis haberes.</p>
<p>Sacó un talego y lo volcó sobre la mesa. Las monedas eran muchas y de oro. Lo hizo con la mano derecha. Paracelso le había dado la espalda para encender la lámpara. Cuando se dio vuelta advirtió que la mano izquierda sostenía una rosa.</p>
<p>La rosa lo inquietó.</p>
<p>Se recostó, juntó la punta de los dedos y dijo:</p>
<p>-Me crees capaz de elaborar la piedra que trueca todos los elementos en oro y me ofreces oro. No es oro lo que busco, y si el oro te importa, no serás nunca mi discípulo.</p>
<p>-El oro no me importa -respondió el otro-. Estas monedas no son más que una prueba de mi voluntad de trabajo. Quiero que me enseñes el Arte. Quiero recorrer a tu lado el camino que conduce a la Piedra.</p>
<p>Paracelso dijo con lentitud:</p>
<p>-El camino es la Piedra. El punto de partida es la Piedra. Si no entiendes estas palabras, no has empezado aún a entender. Cada paso que darás es la meta.</p>
<p>El otro lo miró con recelo. Dijo con voz distinta:</p>
<p>-Pero, ¿hay una meta?</p>
<p>Paracelso se rió.</p>
<p>-Mis detractores, que no son menos numerosos que estúpidos, dicen que no y me llaman un impostor. No les doy la razón, pero no es imposible que sea un iluso. Sé que &#8220;hay&#8221; un Camino.</p>
<p>Hubo un silencio, y dijo el otro:</p>
<p>-Estoy listo a recorrerle contigo, aunque debamos caminar muchos años.</p>
<p>Déjame cruzar el desierto. Déjame divisar siquiera de lejos la tierra prometida, aunque los astros no me dejen pisarla. Quiero una prueba antes de emprender el camino.</p>
<p>-¿Cuándo? dijo con inquietud Paracelso.</p>
<p>-Ahora mismo- dijo con brusca decisión el discípulo. Habían empezado hablando en latín; ahora en alemán. El muchacho elevó en el aire la rosa.</p>
<p>-Es fama -dijo- que puedes quemar una rosa y hacerla resurgir de la ceniza, por obra de tu arte. Déjame ser testigo de ese prodigio. Eso te pido, y te daré después mi vida entera.</p>
<p>-Eres muy crédulo -dijo el maestro-. No he menester de la credulidad; exijo la fe.</p>
<p>El otro insistió.</p>
<p>-Precisamente porque no soy crédulo quiero ver con mis ojos la aniquilación y la resurrección de la rosa.</p>
<p>Paracelso la había tomado, y al hablar jugaba con ella.</p>
<p>-Eres crédulo -dijo-. ¿Dices que soy capaz de destruirla?</p>
<p>-Nadie es incapaz de destruirla- dijo el discípulo.</p>
<p>-Estás equivocado. ¿Crees, por ventura, que algo puede ser devuelto a la nada? ¿Crees que el primer Adán en el Paraíso pudo haber destruido una sola flor o una brizna de hierba?</p>
<p>-No estamos en el Paraíso -dijo tercamente el muchacho-; aquí, bajo la luna, todo es mortal.</p>
<p>Paracelso se había puesto en pie.</p>
<p>-¿En qué otro sitio estamos? ¿Crees que la divinidad puede crear un sitio que no sea el Paraíso? ¿Crees que la Caída es otra cosa que ignorar que estamos en el Paraíso?</p>
<p>-Una rosa puede quemarse -dijo con desafío el discípulo.</p>
<p>-Aún queda fuego en la chimenea -dijo Paracelso-. Si arrojaras esta rosa a las brasas, creerías que ha sido consumida y que la ceniza es verdad era. Te digo que la rosa es eterna y que sólo su apariencia puede cambiar. Me bastaría una palabra para que la vieras de nuevo.</p>
<p>-¿Una palabra? -dijo con extrañeza el discípulo-. El atanor está apagado y están llenos de polvo los alambiques. ¿Qué harías para que resurgiera?</p>
<p>Paracelso le miró con tristeza.</p>
<p>-El atanor está apagado -repitió- y están llenos de polvo los alambiques. En este tramo de mi larga jornada uso de otros instrumentos.</p>
<p>-No me atrevo a preguntar cuáles son -dijo el otro con astucia o con humildad.</p>
<p>-Hablo del que usó la divinidad para crear los cielos y la tierra y el invisible Paraíso en que estamos y que el pecado original nos oculta . Hablo de la Palabra que nos enseña la ciencia de la Cábala.</p>
<p>El discípulo dijo con frialdad:</p>
<p>-Te pido la merced de mostrarme la desaparición y aparición de 1a rosa. No me importa que operes con alquitaras o con el Verbo.</p>
<p>Paracelso reflexionó. Al cabo dijo:</p>
<p>-Si yo lo hiciera, dirías que se trata de una apariencia impuesta por la magia de tus ojos. El prodigio no te daría la fe que buscas. Deja, pues, la rosa.</p>
<p>El joven lo miró, siempre receloso. El maestro alzó la voz y le dijo:</p>
<p>-Además, ¿quién eres tú para entrar en la casa de un maestro y exigirle un prodigio? ¿Qué has hecho para merecer semejante don?</p>
<p>El otro replicó tembloroso:</p>
<p>-Ya sé que no he hecho nada. Te pido en nombre de los muchos años que estudiaré a tu sombra que me dejes ver la ceniza y después la rosa. No te pediré nada más. Creeré en el testimonio de mis ojos.</p>
<p>Tomó con brusquedad la rosa encarnada que Paracelso había dejado sobre el pupitre y la arrojó a las llamas. El color se perdió y sólo quedó un poco de ceniza. Durante un instante infinito esperó las palabras y el milagro.</p>
<p>Paracelso no se había inmutado. Dijo con curiosa llaneza:</p>
<p>-Todos los médicos y todos los boticarios de Basilea afirman que soy un embaucador. Quizá están en lo cierto. Ahí está la ceniza que fue la rosa y que no lo será.</p>
<p>El muchacho sintió vergüenza. Paracelso era un charlatán o un me rovisionario y él, un intruso, había franqueado su puerta y lo obligaba ahora a confesar que sus famosas artes mágicas eran vanas.</p>
<p>Se arrodilló, y le dijo:</p>
<p>-He obrado imperdonablemente. Me ha faltado la fe, que el Señor exigía de los creyentes. Deja que siga viendo la ceniza. Volveré cuando sea más fuerte y seré tu discípulo y al cabo del Camino veré la rosa.</p>
<p>Hablaba con genuina pasión, pero esa pasión era la piedad que le inspiraba el viejo maestro, tan venerado, tan agredido, tan insigne y por ende tan hueco.</p>
<p>¿Quién era él, Johannes Grisebach, para descubrir con mano sacrílega que detrás de la máscara no había nadie?</p>
<p>Dejarle las monedas de oro sería una limosna. Las retomó al salir. Paracelso lo acompañó hasta el pie de la escalera y le dijo que en esa casa siempre sería bienvenido. Ambos sabían que no volverían a verse.</p>
<p>Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara y de sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue puñado de ceniza en la mano cóncava y dijo una palabra en voz baja. La rosa resurgió.</p>
<p style="text-align: center;">
<p>Jorge Luis Borges</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.klip7.cl/"><em>Klip7 entretenciones</em></a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2010/08/30/la-rosa-de-paracelso-jorge-luis-borges/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;EL REY YU&#8221; &#8211; HERMANN HESSE</title>
		<link>http://cuentos7.info/2010/08/23/el-rey-yu-hermann-hesse/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2010/08/23/el-rey-yu-hermann-hesse/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 23 Aug 2010 10:33:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=25</guid>
		<description><![CDATA[. EL REY YU &#8211; Un relato de la antigua China HERMANN HESSE La historia de la antigua China ofrece escasos ejemplos de monarcas y estadistas que fuesen derrocados a causa de haber caído bajo la influencia de una mujer y de un enamoramiento. Uno de estos raros ejemplos-y uno muy notable- es el del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p><strong>EL REY YU &#8211; Un relato de la antigua China</strong><br />
HERMANN HESSE</p>
<p style="text-align: left;">
<p>La historia de la antigua China ofrece escasos ejemplos de monarcas y estadistas que fuesen derrocados a causa de haber caído bajo la influencia de una mujer y de un enamoramiento. Uno de estos raros ejemplos-y uno muy notable- es el del rey Yu de Tchou y su mujer Bau Si.</p>
<p>El país de Tchou lindaba por el oeste con los territorios de los bárbaros mongoles, y la sede de su Corte, Fong, se encontraba en medio de una región poco segura, que de vez en cuando se veía expuesta a los asaltos y saqueos de aquellas tribus bárbaras. Por ello fue preciso ocuparse de reforzar al máximo las fortificaciones fronterizas y, sobre todo, de proteger mejor la Corte.</p>
<p>Los libros de historia nos dicen que el rey Yu, el cual no era un mal estadista y sabía prestar atención a los buenos consejos, supo compensar las desventajas de su frontera adoptando inteligentes medidas, pero que todas estas inteligentes y meritorias obras quedaron destruidas por los caprichos de una bonita mujer.</p>
<p>En efecto, con ayuda de todos sus príncipes vasallos, el rey estableció en la frontera occidental una línea de defensa, línea de defensa que, como todas las creaciones políticas, presentaba un doble carácter, a saber: moral, por una parte, y mecánico, por otra. El fundamento moral del tratado era el juramento y la fidelidad de los príncipes y sus oficiales, cada uno de los cuales se comprometía a acudir con sus soldados a la Corte a socorrer al rey a la primera señal de alarma. A su vez, el principio mecánico, del cual se ocupaba el rey, consistía en un bien pensado sistema de torres, que hizo construir en su frontera occidental. En cada una de estas torres debía montarse guardia día y noche; las torres estaban provistas de tambores muy potentes. En caso de una invasión enemiga por cualquier punto de la frontera, la torre más próxima redoblaría su tambor; de torre en torre esta señal recorrería todo el país en un tiempo mínimo.</p>
<p>Este inteligente y loable dispositivo ocupó largo tiempo al rey Yu, quien tuvo que celebrar conferencias con sus príncipes, considerar los informes de los arquitectos, organizar la instrucción del servicio de guardia. Ahora bien, el rey tenía una favorita llamada Bau Si, una mujer hermosa que supo hacerse con una influencia sobre el corazón y los sentidos del rey, mayor de lo que puede convenir a un monarca y a su reino. Al igual que su señor, Bau Si seguía con curiosidad e interés los trabajos que se realizaban en la frontera, del mismo modo que una niña vivaracha e inteligente contempla, de vez en cuando, con admiración y envidia los juegos de los muchachos. Para que lo comprendiese todo perfectamente, uno de los arquitectos le había construido un delicado modelo -de arcilla pintada y cocida- de la línea de defensa; este modelo representaba la frontera y el sistema de torres, y en cada una de las graciosas torrecillas había un guardia de arcilla infinitamente pequeño y que en vez de tambor llevaba colgada una diminuta campanilla. Este bonito juguete constituía el pasatiempo favorito de la mujer del rey, y cuando alguna vez estaba de malhumor, sus doncellas solían proponerle jugar al «ataque bárbaro».</p>
<p>Entonces colocaban todas las torrecillas, hacían tañer las campanillas enanas, y así disfrutaban y se entretenían mucho.</p>
<p>El día astrológicamente favorable en que, concluidas al fin las obras, instalados los tambores y preparado el servicio de guardia, se puso a prueba, previo acuerdo, la nueva línea de defensa, fue una ocasión gloriosa para el rey. Orgulloso de su realización, se mostraba muy impaciente; los cortesanos esperaban para darle sus parabienes, pero la más ansiosa y excitada era la hermosa mujer Bau Si, la cual casi no podía esperar que concluyesen todas las ceremonias y rogaciones previas.</p>
<p>Por fin llegó la hora señalada, y por primera vez comenzó a desarrollarse en gran escala y de verdad el juego de las torres y los tambores que tan a menudo había hecho pasar un buen rato a la mujer del rey. Ésta apenas podía contener sus ansias de comenzar a intervenir en el juego y a dar órdenes, tan grande era su alegre excitación. El rey le lanzó una grave mirada, y con esto se controló. Había llegado el momento; ahora jugarían al «ataque bárbaro» en grande y con torres de verdad, con hombres y tambores de verdad, para ver cómo resultaba todo. El rey dio la señal, el mayordomo mayor transmitió la orden al capitán de la caballería, éste trotó hasta la primera torre y dio orden de redoblar el tambor. El redoble retumbó potente y profundo, su sonido alcanzó todos los oídos, festivo y profundamente conmovedor. Bau Si se había puesto pálida de emoción y comenzó a temblar. El gran tambor de batalla redoblaba con fuerza su basto ritmo estremecedor, un canto lleno de presagios y amenazas, lleno de lo venidero, de guerra y miseria, de miedo y derrota. Todos lo escuchaban con profundo respeto. Cuando el sonido comenzaba a extinguirse, de la torre siguiente salió la réplica, lejana y débil, la cual se fue perdiendo rápidamente, y después no se oyó nada más, y al cabo de unos instantes se rompió el festivo silencio, la gente volvió a alzar la voz, se pusieron en pie y comenzaron a charlar.</p>
<p>Entretanto, el profundo y atronador redoble fue pasando de la segunda a la tercera y a la décima y a la trigésima torre, y cuando se dejaba oír, todos los soldados de esa zona tenían estrictas órdenes de presentarse de inme~ diato en el lugar convenido, armados y con la bolsa de provisiones llena; todos los capitanes y coroneles debían prepararse para la marcha sin pérdida de tiempo y apresurarse al máximo; también debían enviar ciertas órdenes preestablecidas al interior del país. Dondequiera que se oía el redoble del tambor se interrumpían el trabajo y las comidas, los juegos y el sueño, se empaquetaba, se ensillaba, se recogía, se emprendía la marcha a pie y a caballo. En breve espacio de tiempo, de todos los distritos de los alrededores salían tropas presurosas con destino a la Corte de Fong.</p>
<p>En Fong, en el patio de palacio, se había relajado pronto la profunda emoción e interés que se habían apoderado de todos los ánimos al redoblar el terrible tambor. La gente paseaba por el jardín de la Corte charlando animadamente, toda la ciudad estaba de fiesta, y cuando, transcurridas menos de tres horas, comenzaron a aproximarse ya cabalgatas pequeñas y más grandes, procedentes de dos direcciones, y luego, de hora en hora, fueron llegando más y más -lo cual duró todo ese día y los dos siguientes-, el rey, sus cortesanos y sus oficiales fueron presa de un creciente entusiasmo.</p>
<p>El rey se vio colmado de agasajos y congratulaciones, los arquitectos fueron invitados a un banquete y el tambor de la primera torre, el que había dado el primer redoble, fue coronado por el pueblo, paseado en andas por las calles y obsequiado por todos.</p>
<p>La mujer del rey, Bau Si, estaba absolutamente entusiasmada y como embriagada. Su juego de torrecitas y campanillas se había hecho realidad de forma mucho más espléndida de lo que nunca hubiese podido imaginar. Por arte de magia, la orden había desaparecido en el solitario país, envuelta en la amplia onda sonora del redoble del tambor; y su resultado llegaba ahora, vivo, real, como un eco de lontananza, el emocionante bramido de ese tambor había producido un ejército, un ejército de cientos y miles de hombres bien armados que iban llegando por el horizonte, a pie y a caballo, en continuó flujo, en continuo y rápido avance: arqueros, caballería ligera y pesada, lanceros, iban llenando gradualmente, con creciente barullo, todo el espacio disponible alrededor de la ciudad, donde eran acogidos y se les indicaban sus posiciones, donde eran aclamados y obsequiados, donde acampaban, levantaban tiendas y encendían fogatas. Esto continuó día y noche; como duendes de fábula surgían de la tierra gris, lejanos, diminutos, envueltos en nubes de polvo, para finalmente formar filas, hechos sobrecogedora realidad, bajo las miradas de la Corte y de la embelesada Bau Si.</p>
<p>El rey Yu estaba muy satisfecho, y en particular le complacía el arrobamiento de su favorita; llena de felicidad, resplandecía como una flor y el rey nunca la había visto tan bella. Pero las festividades duran poco. También esta gran fiesta se extinguió y dio paso a la vida de todos los días: dejaron de ocurrir maravillas, no se hicieron realidad nuevos sueños de fábula. Esto resulta insoportable a las personas desocupadas y veleidosas. Pasadas unas semanas de la fiesta, Bau Si volvió a perder todo su buen humor. El pequeño juego con las torrecillas de arcilla y las campanillas colgadas de un hilo resultaba tan insulso ahora, después de haber probado el gran juego. ¡Oh, cuán embriagador había resultado éste! Y todo estaba allí dispuesto, listo para repetir el sublime juego: allí estaban las torres y colgaban los tambores, allí montaban guardia los soldados y permanecían alerta los tambores en sus uniformes, todo estaba a la expectativa, pendiente de la gran orden, ¡y todo permanecía muerto e inservible en tanto no llegase esa orden!</p>
<p>Bau Si perdió la sonrisa, desapareció su aspecto resplandeciente; el rey contemplaba preocupado a su compañera preferida, privado de su consuelo nocturno. Tuvo que incrementar al máximo sus presentes, con tal de poder sacarle una sonrisa. Había llegado el momento de comprender la situación y sacrificar al deber la pequeña y dulce preciosidad. Pero Yu era débil. Que Bau Si recuperase la alegría, le parecía lo principal.</p>
<p>Así, sucumbió a la tentación que le preparaba la mujer, poco a poco y ofreciendo resistencia, pero sucumbió. Bau Si le arrastró tan lejos, que llegó a olvidar sus deberes. Cediendo a las súplicas mil veces repetidas, satisfizo el único gran deseo de su corazón: accedió a dar la señal a la guardia fronteriza, como si se avecinase el enemigo. En el acto resonó el profundo, conmovedor redoble del tambor de guerra. Esta vez, al rey le pareció un sonido terrible, y también Bau Si se asustó al oírlo. Mas luego se fue repitiendo todo el delicioso juego: en el horizonte se alzaron las pequeñas nubes de polvo, las tropas fueron llegando, a pie y a caballo, durante tres días seguidos, los generales hicieron reverencias, los soldados montaron sus tiendas. Bau Si estaba encantada, su rostro resplandecía. Pero el rey Yu pasó momentos difíciles. Se veía obligado a reconocer que no le había atacado ningún enemigo, que todo estaba en calma. Conque intentó justificar la falsa alarma diciendo que se trataba de un provechoso ejercicio. Nadie se lo discutió, todos se inclinaron y lo aceptaron. Pero los oficiales comenzaron a rumorear que habían sido víctimas de una desleal travesura del rey; éste había alarmado a toda la frontera y los habla movilizado a todos, miles de hombres, con el mero objeto de complacer a su favorita. Y la mayor parte de los oficiales estuvieron de acuerdo en no volver a responder en el futuro a una orden de este tipo. Entretanto, el rey se esforzaba por levantar los ánimos de las disgustadas tropas con espléndidos obsequios. Bau Si había conseguido lo que quería.</p>
<p>Pero cuando comenzaba a retornar su malhumor y empezaba a sentirse nuevamente deseosa de repetir el insensato juego, ambos recibieron su castigo. Tal vez por casualidad, tal vez porque les habían llegado noticias de esos acontecimientos, un buen día los bárbaros cruzaron inesperadamente la frontera en grandes bandadas de jinetes. Las torres dieron su señal sin tardanza, el redoble lanzó su imperiosa exhortación y se fue difundiendo hasta el último recodo. Pero el exquisito juguete, con su mecánica tan admirable, parecía haberse roto: los tambores ya podían sonar, pero nada tañía en los corazones de los soldados y oficiales del país. Éstos no respondieron al tambor. Y el rey y Bau Si otearon en vano en todas direcciones; por ningún lado se levantaba la polvareda, en ninguna dirección se veían acercar caracoleantes las pequeñas cabalgatas grises, nadie acudió en su ayuda.</p>
<p>El rey salió presuroso al encuentro de los bárbaros con las escasas tropas que tenía a mano. Pero el enemigo era -numeroso; derrotó a las tropas, tomó la Corte de Fong, destruyó el palacio, derribó las torres. El rey Yu perdió el reino y la vida, y otro tanto le ocurrió a su favorita Bau Si, de cuya perniciosa sonrisa aún siguen hablando los libros de historia.</p>
<p>Fong fue destruida, la cosa iba en serio. Éste fue el fin del juego de los tambores y del rey Yu y la sonriente Bau Si. El sucesor de Yu, el rey Ping, no tuvo más remedio que abandonar Fong y trasladar la Corte más hacia Oriente; Se vio obligado a comprar la futura seguridad de sus dominios por medio de pactos con monarcas vecinos y la cesión a éstos de grandes extensiones de territorio.<br />
<span style="color: #ffffff;">.</span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2010/08/23/el-rey-yu-hermann-hesse/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;ENTRE LOS MASAGETAS&#8221; &#8211; HERMANN HESSE</title>
		<link>http://cuentos7.info/2010/08/09/entre-los-masagetas-hermann-hesse/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2010/08/09/entre-los-masagetas-hermann-hesse/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 09 Aug 2010 10:00:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=22</guid>
		<description><![CDATA[. ENTRE LOS MASAGETAS HERMANN HESSE Pese a que mi patria -si es que yo tengo patria- aventaja sin género de duda al resto de los países del globo terráqueo en encantos y espléndidas realidades de todo d de hace algún tiempo volví a sentir la comezón tipo, es de viajar e hice un viaje [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table border="0" cellspacing="0" width="468" align="center">
<tbody>
<tr>
<td height="15"><script type="text/javascript">// <![CDATA[
 google_ad_client = "pub-2198258712032778"; /* 468x15, creado 22/04/10 */ google_ad_slot = "2739811203"; google_ad_width = 468; google_ad_height = 15;
// ]]&gt;</script><br />
<script src="http://pagead2.googlesyndication.com/pagead/show_ads.js" type="text/javascript">
</script></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;"><strong>ENTRE LOS MASAGETAS</strong><br />
HERMANN HESSE</p>
<p>Pese a que mi patria -si es que yo tengo patria- aventaja sin género de duda al resto de los países del globo terráqueo en encantos y espléndidas realidades de todo d de hace algún tiempo volví a sentir la comezón tipo, es de viajar e hice un viaje al lejano país de los masagetas que no había visitado desde la época del descubrimiento de la pólvora. Experimentaba curiosidad por ver hasta qué punto este pueblo tan famoso y valiente, cuyos guerreros antaño derrotaran al gran Ciro, había podido evolucionar y adaptarse a los usos de los tiempos que corren.</p>
<p>Y, efectivamente, en modo alguno quedé defraudado en mis expectativas sobre los intrépidos masagetas. Al igual que otros países que tienen la ambición de contarse entre los más avanzados, últimamente el país de los masagetas suele destacar a un reportero para todo visitante extranjero que se acerca a sus fronteras&#8230; sin perjuicio. naturalmente, de aquellos casos en que se trata de personas significadas, respetables y distinguidas, a las cuales se les tributa, como es obvio, más altos honores, siempre según su categoría. Si se trata de boxeadores o futbolistas, son recibidos por el ministro de Sanidad, si de nadadores, por el ministro de Cultura, y si poseen el título de campeones mundiales, son recibidos por el propio presidente de la nación o por su representante.</p>
<p>A mí no me dedicaron tales atenciones; yo era literato, y en la frontera me salió al encuentro un simple periodista, un joven agradable, de bella estampa, que me rogó le hiciera, antes de entrar en el país, una breve exposición de mi ideología y, en particular, de mis opiniones sobre los masagetas. Resulta, pues, que también aquí se había introducido ya este uso tan simpático.</p>
<p>-Señor -le dije-, permítame, ya que no domino su espléndido idioma, que me cifia a lo imprescindible. Mi ideología es la del país que voy a visitar, eso cae de su peso. Por lo que hace a mis conocimientos sobre su célebre país y pueblo, provienen de las mejores y más verídicas fuentes, a saber, del libro Clío del gran Herodoto. Lleno de profunda admiración por la valentía de su poderoso ejército y por la gloriosa memoria de la heroína la reina Tomyris, tuve ya en tiempos pasados el honor de visitar su país y recientemente he querido repetir esta visita.</p>
<p>-Muy reconocido -continuó, un poco más sombrío, el masageta-. Su nombre no nos es desconocido. Nuestro ministerio de Propaganda sigue atentamente todas las declaraciones que se producen en el extranjero acerca de nosotros, y así no ignoramos que usted es autor de un escrito de treinta líneas sobre usos y costumbres de los masagetas que apareció en un periódico. Será para mí un honor acompañarle en este viaje por nuestro país y hacer que usted advierta hasta qué punto han cambiado nuestras costumbres a partir de aquellas fechas.</p>
<p>Su tono de voz un tanto hosco me indicaba que mis anteriores declaraciones sobre los masagetas, a los cuales yo realmente quería y admiraba mucho, no encontraron ni mucho menos, un eco favorable en el país. Por un momento pensé en volverme, acordándome de la rei~ na Tomyris, que sumergió la cabeza del gran Ciro en un odre lleno de sangre, y de otras hazañas de este pueblo temperamental. Pero al fin yo tenía mi pasaporte y mi visado, y los tiempos de Tomyris ya habían pasado.</p>
<p>-Discúlpeme -dijo mi guía algo más amable- si tengo que insistir en poner en claro su ideología. No es que exista la menor acusación contra usted, pese a que ya visitó anteriormente nuestro país. No, se trata sólo de una formalidad, y en razón de que se ha referido a Herodoto un tanto unilateralmente. Como usted sabe, en tiempos de aquel escritor jónico, muy capacitado por cierto, aún no existía un Servicio de Propaganda y Cultura; por eso sus impresiones, algo frívolas, sobre nuestro país están desfasadas. Lo que no podemos tolerar es que un autor de nuestros días se apoye en Herodoto, y exclusivamente en él&#8230; Dígame, pues, señor colega, en pocas palabras qué piensa sobre los masagetas y qué actitud adopta frente a ellos.</p>
<p>-Yo estoy perfectamente enterado, por supuesto, de que los masagetas no solamente son el pueblo más antiguo, más humano, más culto y al mismo tiempo más valeroso de la tierra, de que sus invictos ejércitos son los más grandes, su flota la más poderosa, su carácter el más inflexible a la par que el más amable, sus mujeres las más hermosas, sus escuelas e instituciones públicas las más ejemplares del mundo, sino que además poseen en grado eminente aquella virtud tan apreciada en el mundo entero y que tanto se echa en falta en otros grandes pueblos, a saber, el mostrarse bondadosos y comprensivos con el extranjero, en razón de su misma superioridad, y no esperar del pobre forastero, nacido en un país inferior, que se encuentre a la altura de la perfección masagética. También sobre este punto procuraré informar con toda veracidad en mi patria.</p>
<p>_Muy bien -exclamó mi acompañante con bondad-. En la enumeración de nuestras virtudes usted ha dado, efectivamente, en el clavo o, mejor dicho, en los clavos. Veo que está informado sobre nosotros mejor de lo que aparentaba en un principio, y desde el fondo de nuestro fiel corazón le damos la bienvenida a nuestro hermoso país. Algunos detalles de sus conocimientos requieren todavía un complemento. En particular me ha sorprendido que no hiciera mención de nuestras valiosas aportaciones en dos importantes campos: en el deporte y en el cristianismo. Fue un masageta, señor mío, el que en la competición internacional de salto hacia atrás con los ojos vendados batió el récord mundial con 11,098.</p>
<p>-Efectivamente -mentí cortésmente-, ¿cómo se me ha podido pasar por alto? Pero usted se ha referido también al cristianismo como otro campo en el que su pueblo ha batido récords. ¿Puede proporcionarme informes sobre este punto?</p>
<p>-Por supuesto -contestó el joven-. Quería decir únicamente que sería bien acogido el que en su informe sobre este tema agregase amablemente algún que otro superlativo. Por ejemplo, tenemos un anciano sacerdote en una pequeña ciudad, a orillas del río Araxe, que ha celebrado no menos de 63.000 misas, y en otra ciudad hay una famosa iglesia moderna en la que todo es de cemento, y de cemento indígena: paredes, torre, suelos, columnas, altares, tejado, pila bautismal, púlpito, etcétera, hasta la última lámpara, hasta el cepillo de las ofrendas.</p>
<p>-Ah, ya -pensé para mí-, entonces tenéis también un párroco de cemento que predica desde el púlpito de cemento. -Pero me callé.</p>
<p>-Mire usted -prosiguió mi guía-, le voy a ser sincero. Nos interesa propagar todo lo posible nuestra fama como cristianos. Pese a que nuestro país abrazó desde hace siglos la religión cristiana y no queda ya huella alguna de los antiguos dioses y cultos masagetas, hay un pequeño. partido, muy fanático, que quiere introducir, como primer paso, los antiguos dioses de la época del rey de los persas, Ciro, y de la reina Tomyris. Ya sabe, una chifladura de algunos tipos extravagantes; pero la prensa de los países vecinos se ha hecho eco del ridículo asunto y lo relaciona con la reorganización de nuestro ejército. Se sospecha de nosotros en el sentido de que pretendemos suprimir el cristianismo para, en la próxima guerra, desembarazarnos más fácilmente de los últimos reparos contra el empleo de todos los medios de destrucción. Esta es la razón por la que veríamos consagrado que se subraye el espíritu cristiano de nuestro país. Por supuesto que no pretendemos influir en lo más mínimo sobre sus informes objetivos, pero le puedo decir en confianza que su buena disposición para escribir algo sobre nuestro cristianismo podría tener como consecuencia una invitación personal por parte de nuestro Canciller del Imperio. Esto, en confianza.</p>
<p>-Tengo que pensarlo -repuse-. El cristianismo no es mi especialidad&#8230; Y ahora me gustaría volver a ver el magnífico monumento que sus antepasados erigieron al heroico Spargapises.</p>
<p>-¿Spargapises? -murmuró mi colega-. ¿Quién es ese personaje?</p>
<p>-El hijo de Tomyris, que no pudo soportar la ignominia de haber sido engañado por Ciro y, al ser hecho prisionero, se quitó la vida.</p>
<p>-Ah, ya -exclamó mi acompañante-, veo que usted aterriza siempre en Herodoto. Sí, aquel monumento era muy hermoso. Desapareció en forma extraña. Mire, nosotros tenemos, como usted sabe, un gran interés por la ciencia, especialmente por los trabajos de investigación sobre la antigüedad, y en relación al número de kilómetros cuadrados excavados con fines de estudio, nuestro país ocupa en la estadística mundial el tercero o cuarto puesto. Estas importantes excavaciones, que se orientan principalmente a la búsqueda de yacimientos prehistóricos, llegaron hasta las inmediaciones de aquel monumento de la época de Tornyris; y como el terreno prometía grandes hallazgos, sobre todo en huesos de mamuts masagéticos, se intentó excavar a una cierta profundidad del monumento. Y éste se desplomó. Sus restos pueden verse en el Museo Masagético.</p>
<p>Me condujo al coche, que nos esperaba, y en animada conversación viajamos hacia el interior del país.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2010/08/09/entre-los-masagetas-hermann-hesse/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;RASTRO DE UN SUEÑO&#8221; &#8211; HERMANN HESSE</title>
		<link>http://cuentos7.info/2010/07/20/rastro-de-un-sueno-hermann-hesse/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2010/07/20/rastro-de-un-sueno-hermann-hesse/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 20 Jul 2010 08:04:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=19</guid>
		<description><![CDATA[. RASTRO DE UN SUEÑO HERMANN HESSE Érase un hombre que practicaba el poco respetable oficio de escritor de amenidades. Formaba parte, empero, de aquel reducido número ero de literatos que, en la medida de lo posible, toman en serio su profesión, y a quienes algunos entusiastas manifiestan un respeto semejante al que solía ofrecerse [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p style="text-align: center;"><strong>RASTRO DE UN SUEÑO</strong><br />
HERMANN HESSE</p>
<p>Érase un hombre que practicaba el poco respetable oficio de escritor de amenidades. Formaba parte, empero, de aquel reducido número ero de literatos que, en la medida de lo posible, toman en serio su profesión, y a quienes algunos entusiastas manifiestan un respeto semejante al que solía ofrecerse a los verdaderos poetas en tiempos pasados, cuando aún existían poesía y poetas. Este literato escribía todo tipo de cosas agradables, novelas, relatos y también poemas, y se esforzaba todo lo imaginable por hacerlo bien. Sin embargo, raras veces lograba ver satisfecha su ambición, ya que, aun cuando se tenía por humilde, caía presuntuosamente en el error de no tomar como medida de comparación a sus colegas y contemporáneos, los otros escritores de amenidades, sino a los poetas del pasado -o sea, aquellos ya consagrados durante generaciones-. Y, en consecuencia, una y otra vez debía reconocer con aflicción que incluso la mejor y más afortunada página por él escrita quedaba muy a la zaga de la frase o verso más recóndito de cualquier verdadero poeta. Así, su insatisfacción iba en aumento y su trabajo llegó a no complacerle en absoluto. Y si bien aún escribía alguna pequeñez de vez en cuando, sólo lo hacía con objeto de expresar esta insatisfacción y aridez interior y darles salida en forma de amargas críticas a su época y a sí mismo. Con ello, naturalmente, no mejoraban las cosas. A veces también. intentaba emprender el retorno a los jardines encantados de la poética pura y rendía homenaje a la belleza en hermosas creaciones lingüísticas, en las que erigía esmerados monumentos a la naturaleza, las mujeres, la amistad. Y en efecto, estas composiciones tenían cierta música y una semejanza con la auténtica poesía de los poetas auténticos, en los que hacían pensar, tal como un amor o una emoción pasajeros pueden, ocasionalmente, recordar a un hombre de negocios y de mundo el espíritu que ha perdido.</p>
<p>Un día de la temporada que media entre el invierno y la primavera, este escritor, que tanto hubiese deseado ser poeta y a quien muchos incluso tenían por tal, estaba sentado una vez más ante su mesa de trabajo. Como de costumbre, se había levantado tarde, no antes de mediodía, después de pasar la mitad de la noche leyendo. Estaba sentado, con la mirada fija en el punto del papel donde dejara de escribir el día anterior. El papel decía cosas inteligentes, expuestas en un lenguaje ágil y cultivado, contenía ideas sutiles, ingeniosas descripciones, de las líneas y páginas se desprendía más de un hermoso cohete y alguna esfera luminosa, en ellas resonaba más de un sentimiento delicado&#8230; pero, no obstante, lo que leyó en su escrito decepcionó al escritor. Desengañado contempló lo que comenzara la víspera con cierta alegría y entusiasmo, lo que durante una hora crepuscular semejara narrativa, para convertirse otra vez en literatura de la noche a la mañana, un enojoso papel escrito que, en realidad, daba lástima.</p>
<p>Como tantas otras veces a esta hora algo lastimera del mediodía, percibió y consideró su situación extraordinariamente tragicómica, su necia aspiración secreta a una auténtica composición poética (cuando en la realidad actual no existía ni podía existir auténtica poesía) y las fatigas infantiles y tontamente inútiles que sufría por su deseo de crear, con ayuda de su amor a la antigua poesía, con ayuda de su gran cultura, de su delicado oído para las palabras de los auténticos poetas, algo que estuviese a la altura de la antigua poesía o se asemejase a la misma hasta el punto de inducir a confusión (cuando sabía perfectamente que es imposible crear nada a base de cultura e imitación).</p>
<p>También sabía a medias y hasta cierto punto tenía conciencia de que esta ambición sin esperanza y esta ilusión infantil que inspiraba todos sus esfuerzos no constituía en modo alguno una situación particular y personal, sino que cada ser humano, incluso el de apariencia normal, incluso el que aparentemente era afortunado y feliz, abrigaba la misma aridez y el mismo desesperado desengaño; que cada hombre buscaba constante y continuamente algo imposible; que incluso el menos atractivo acariciaba el ideal de Adonis, el más tonto el ideal de sabio, el más pobre la ilusión de Creso. Sí, incluso sabía a medias que ese tan venerado ideal de la «auténtica poesía» no significaba nada, que Goethe consideraba a Homero o a Shakespeare como algo inalcanzable con el mismo desánimo con que un literato actual podría contemplar a Goethe, y que el concepto de «poeta» no era más que una abstracción vacía; que también Homero y Shakespeare habían sido sólo literatos, especialistas dotados, que lograron prestar a sus obras esa apariencia de lo suprapersonal y eterno. Sabía todo esto a medias, como suelen saber estas cosas evidentes y terribles las personas inteligentes y habituadas a pensar. Sabía o intuía que también una parte de sus propias tentativas de escritor causarían a lectores de épocas posteriores la impresion de «auténtica poesía», que tal vez literatos posteriores pensarían con nostalgia en él y su época como si de una edad de oro se tratase, en la que aún hubieran existido verdaderos poetas, verdaderos sentimientos, hombres verdaderos, una verdadera naturaleza y un verdadero espíritu. Como él bien sabía, ya el apacible provinciano de la época feudal y el gordo burgués de una pequeña ciudad medieval habían comparado con idéntica actitud crítica y sentimental su propia época refinada y corrupta con un ayer inocente, ingenuo, espiritual, y habían considerado a sus antepasados y su modo de vida con la misma mezcla de envidia y compasión con que el hombre actual tendía a considerar la bienaventurada época anterior al invento de la máquina de vapor.</p>
<p>Al literato le eran familiares todos estos pensamientos, conocidas todas estas verdades. Lo sabía: el mismo juego, el mismo anhelo ávido, noble, sin esperanza, de algo auténtico, eterno, valioso en sí mismo, que le impulsaba a llenar hojas de papel escrito, empujaba también a todos los demás, al general, al ministro, al diputado, a la elegante dama, al aprendiz de tendero. Todos los hombres, iluminados por secretas ilusiones, cegados por ideas preconcebidas, seducidos por ideales, anhelaban de algún modo, muy inteligente o muy tonto, poco importaba, salir de sí mismos y de los límites de lo posible. No había teniente que no llevase consigo la imagen de Napoleón&#8230; ni Napoleón que en su época no se sintiera como un imitador, no considerara sus hazañas medallas de juguete, sus objetivos ilusiones. Nadie había quedado fuera de ese baile. Nadie tampoco había dejado de experimentar en algún momento, a través de alguna hendidura, la certeza de ese engaño. Ciertamente existían los perfectos, los dioses humanos, había existido Buda, Jesús, Sócrates. Pero incluso ellos sólo habían alcanzado la plenitud y habían sido penetrados totalmente por la omnisciencia en un único instante: el instante de su muerte. En efecto, su muerte no había sido más que la última penetración de¡ conocimiento, el último don por fin logrado. Y posiblemente cada muerte tenía ese significado, posiblemente cada moribundo era una persona que estaba alcanzando su plenitud, que desechaba el engaño de la muerte, que se abandonaba, que no deseaba ser nada.</p>
<p>Este tipo de reflexiones, aun cuando tan poco complicadas, estorban mucho los esfuerzos, las acciones del hombre, su continua participación en su juego. Y así, el trabajo del poeta aplicado tampoco progresaba mucho a esa hora. No existía palabra alguna que mereciera ser escrita, ni pensamiento alguno que realmente fuese necesario comunicar. No, era una lástima desperdiciar papel, más valía dejarlo sin escribir.</p>
<p>El literato apartó la pluma y guardó sus papeles en el cajón con esa sensación; de haber tenido un fuego a mano, los hubiese arrojado al mismo. La situación no era nueva; se trataba de una desesperación paladeada ya con frecuencia, que ya había sido domada y al mismo tiempo había adquirido una cierta resistencia. Se lavó las manos, se puso el abrigo y el sombrero, y salió. Cambiar de lugar era uno de sus recursos largo tiempo acreditados; sabía que no era bueno permanecer largo rato en la misma habitación con todo el papel escrito y en blanco cuando se hallaba en ese estado de ánimo. Más valía salir, tomar el aire y ejercitar la vista en las escenas callejeras. Podía suceder que le viniese al encuentro una mujer hermosa o que topase con un amigo, que una horda de colegiales o cualquier entretenimiento gracioso de un escaparate le llevaran a cambiar de pensamientos, podía resultar que en una esquina le atropellase el automóvil de uno de los señores de este mundo, de un editor de periódicos o de un rico panadero: meras posibilidades de cambiar de situación, de crear nuevas circunstancias.</p>
<p>Vagabundeó lentamente en medio del aire casi primaveral, vio matas de campanillas que inclinaban la cabeza en los tristes y reducidos céspedes plantados frente a las casas de pisos, respiró el húmedo y tibio aire de marzo, que le indujo a dirigirse a un parque. Allí se sentó en un banco, al sol, entre los árboles deshojados, cerró los ojos y se entregó al juego de los sentidos a esa hora soleada de primavera temprana: qué suave el contacto del viento en las mejillas, qué hirviente ya el sol lleno de oculto ardor, qué penetrante e inquieto el olor de la tierra, qué alegres los pasos infantiles que de tanto en tanto pisaban juguetones la arena de los senderos, qué cariñoso y perfectamente dulce el canto de un mirlo en algún lugar del desnudo arbolado. Sí, todo era muy hermoso, y puesto que la primavera, el sol, los niños, el mirlo no eran más que cosas muy antiguas, que ya habían alegrado al hombre millares y millares de años atrás, en realidad resultaba incomprensible que en el momento presente no fuese posible escribir un poema de primavera tan hermoso como los compuestos hacía cincuenta o cien años. Y sin embargo no era así. El más tenue recuerdo de la canción de primavera de Uhland (naturalmente con la música de Schubert, cuya fabulosa obertura, tan penetrante y conmovedora, sabía a primavera temprana) bastaba para indicar a un poeta actual que esas cosas cautivadoras ya habían sido narradas por el momento y que no tenía sentido querer imitar a toda costa esas creaciones de tan insuperable plenitud, que exhalaban bienaventuranza.</p>
<p>En el preciso instante en que sus pensamientos iban a entrar de nuevo en ese viejo derrotero estéril, el poeta frunció los ojos con los párpados cerrados y a través de una pequeña rendija de los ojos -aunque no sólo con éstos- percibió una ligera reverberación y un tenue destello, islas de rayos de sol, reflejos luminosos, espacios de sombra, cielo azul veteado de blanco, un cono centelleante de luces movedizas, lo que cualquiera puede ver al guiñar los ojos, pero reforzado de algún modo, de alguna forma valioso y único, transformado de percepción en experiencia por la acción de alguna sustancia secreta. Lo que centelleaba con múltiples destellos, reverberaba, se desvanecía, ondeaba y batía alas no era un mero tumulto de luz procedente del exterior, y esos fenómenos no se desarrollaban sólo en el ojo, también eran vida, bullente impulso interior, y correspondían al espíritu, al propio destino. Ésta es la manera de ver de los poetas, de los «visionarios»; de este modo embelesador y conmovedor ven quienes han sido alcanzados por Eros. Se había desvanecido el recuerdo de Uh1and y Schubert, ya no había un Uhland, ya no había poesía, ya no había pasado, todo era instante eterno, experiencia, verdad íntima.</p>
<p>Entregado a la maravilla, que ya otras veces experimentara, pero para la que creía haber perdido tiempo ha toda vocación y toda gracia, permaneció instantes eternos suspendido en lo intemporal, en la conjunción del mundo y el espíritu, vio moverse las nubes al impulso de su aliento, sintió girar el cálido sol dentro de su pecho.<br />
Pero mientras miraba fijamente con los ojos entornados, abandonado a la rara experiencia, entrecerrando todos los sentidos, pues sabía perfectamente que la corriente fatua procedía del interior, allí cerca, en el suelo, percibió algo que le cautivó. Tardó un rato en advertir, paulatinamente, que se trataba del pequeño pie de una niña. Lo cubría un zapato de cuero marrón y pisaba la arena del sendero con vigor y alegría, apoyando el peso en el tacón. Ese zapatito de niña, ese cuero marrón, esa alegría infantil de la pequeña suela al pisar, ese trocito de media de seda que cubría el tierno tobillo, recordaron algo al poeta, inundaron su corazón de forma repentina y apremiante como si formasen parte del recuerdo de una experiencia importante, pero no logró dar con la clave. Un zapato de niña, un pie de niña, una media de niña: ¿qué importancia tenía todo eso? ¿Dónde se hallaba la pista? ¿Dónde se encontraba el manantial de su espíritu que respondía ante esa imagen entre millones, la acariciaba, la atraía, la tenía por cosa cara e importante? Abrió del todo los ojos un instante y pudo ver la figura completa de la niña, una niña bonita, por el lapso que dura un medio latido de corazón. Pero inmediatamente advirtió que esa imagen ya nada tenía que ver con él, que no se trataba de la que tenía importancia para él, e involuntariamente, a toda prisa, volvió a cerrar los ojos con tal fuerza que sólo Regó a divisar durante el resto de un instante el pie infantil que desaparecía. Luego cerró completamente los ojos, recordando el pie, palpando su significado, pero sin saberlo, afligido por esa búsqueda inútil, satisfecho por la fuerza de esa imagen en su espíritu. En algún lugar, en algún momento, había percibido ese piececito en el zapato marrón, esa imagen ahogada luego por las experiencias. ¿Cuándo había sucedido eso? Oh, debía haber ocurrido mucho tiempo atrás, en su prehistoria, tan lejano semejaba, tan remoto se le aparecía, procedente de una profundidad tan inconcebible, tan hondo había caído en el pozo de sus pensamientos. Era posible que lo hubiera llevado consigo, perdido y jamás reencontrado hasta ese día, desde su primera infancia, desde aquella época fabulosa cuyos recuerdos aparecen todos tan borrosos e irrepresentables y tan difíciles de invocar, y sin embargo resultan más llenos de colorido, más cálidos y más plenos que todos los recuerdos posteriores. Meció largo rato la cabeza, cerrados los ojos, mucho tiempo estuvo reflexionando y una y otra vez, vio perfilarse ese, aquel hilo, esa serie, aquella cadena de vivencias, ero la niña, el zapatito marrón, no se adecuaban a ninguna de ellas. No, no podía dar con ello, era inútil proseguir esa búsqueda.</p>
<p>Hurgaba entre los recuerdos afectado por el mismo error de óptica que sufre aquel que no logra reconocer lo que tiene muy próximo, porque lo cree muy distante y por consiguiente confunde todas las formas. Pero en cuanto renunció a sus esfuerzos, dispuesto ya a dejar esa ridícula pequeña vivencia y a olvidarlo todo, cambió la situación y el zapatito se situó en la perspectiva adecuada. De súbito, con un profundo suspiro, el hombre advirtió que el zapatito no estaba debajo de todo en el atestado cuarto de imágenes de su ser íntimo, que no formaba parte de las posesiones más antiguas, sino que era una adquisición muy nueva y reciente. Le parecía que hacía sólo unas horas que había tenido relación con esa niña, que prácticamente acababa de ver correr ese zapato.</p>
<p>Y entonces, de golpe, lo supo. Sí, claro que sí; eso era, ahí estaba la niña que correspondía al zapato, y ésta formaba parte del fragmento de un sueño que el escritor había tenido la noche pasada. Dios mío, ¿cómo era posible olvidar de ese modo? Se había despertado en medio de la noche, lleno de felicidad y conmovido por la fuerza secreta de su sueño, con la sensación de haber adquirido una experiencia importante, magnífica&#8230; y al cabo de poco se había vuelto a dormir, y una hora de sueño matutino había sido suficiente para borrar otra vez toda la magnífica experiencia, de tal forma que no la había recordado más hasta que se la rememorara la visión fugaz de un pie de niña. ¡Tan fugaces, tan pasajeras, tan presas del azar resultaban las experiencias más profundas, más maravillosas del espíritu! E incluso en esos momentos no lograba reconstruir todo el sueño de la pasada noche. Sólo quedaban escenas sueltas, en parte inconexas, algunas frescas y llenas de vitalidad, otras ya grises y polvorientas, captadas ya en proceso de desvanecimiento. Pero ¡qué hermoso, qué profundo, qué exaltante había sido el sueño! ¡Cómo le había latido el corazón al despertar por primera vez, embelesado e inquieto como en las festividades de la infancia! ¡Cómo le había inundado la viva sensación de haber experimentado algo noble, importante, inolvidable, imposible de perder! Y un par de horas más tarde sólo le quedaba ese fragmento, ese par de imágenes ya desvaídas, ese débil eco en el corazón; el resto se había perdido, había pasado, ya no tenía vida!</p>
<p>Al menos ese poco se habría salvado de forma definitiva. El escritor tomó en seguida la decisión de recolectar todo lo que aún quedase del sueño en sus recuerdos y transcribirlo con la máxima fidelidad y exactitud posibles. En el acto sacó una libreta del bolsillo y tomó las primeras notas a fin de recuperar como pudiese la estructura y el entorno de todo el sueño, sus líneas principales. Pero de nada le sirvió. Ya no le era posible identificar ni el comienzo ni el final del sueño, y no sabía el lugar que ocupaban dentro de la historia soñada la mayor parte de los fragmentos aún a mano. No, era preciso comenzar de otra forma. Ante todo debía salvar lo que aún estaba a su alcance, debía retener en seguida el par de imágenes aún vivas -sobre todo el zapatito- antes de que también saliesen volando, tímidas aves encantadas.</p>
<p>Del mismo modo que un excavador intenta descifrar la inscripción que ha hallado en una antigua lápida a partir de las ocas letras o signos que aún resultan comprensibles, nuestro hombre deseaba leer su sueño recomponiéndolo pedazo a pedazo.</p>
<p>En el sueño se había relacionado de algún modo con una niña, una niña extraordinaria, tal vez no verdaderamente hermosa, pero maravillosa en algún sentido, una niña de unos trece o catorce años, pero que aparentaba tener menos. Tenía el rostro tostado por el sol. ¿Los ojos? No, no podía verlos. ¿El nombre? Desconocido. ¿Relación con él, la persona que soñaba? ¡Alto, ahí estaba el zapatito marrón! Vio el mismo pie que se movía acompañado de su hermano gemelo, lo vio bailar, lo vio dar pasos de baile, los pasos de un boston. Oh, sí, volvía a saber un montón de cosas. Tenía que empezar todo de nuevo.</p>
<p>En resumen: en el sueño había bailado con una maravillosa niña desconocida, una niña de rostro moreno, con zapatos marrones: ¿no lo tenía todo de esa tonalidad? ¿También el cabello? ¿También los ojos? ¿También el vestido? No, eso ya no lo sabía; era de suponer, parecía posible, pero no era seguro. Debía mantenerse dentro de los límites de lo seguro, de lo que daba base real a sus reflexiones, de lo contrario perdía todo punto de referencia. Ya entonces comenzó a intuir que esa investigación del sueño lo llevaría muy lejos, que había emprendido un camino largo, sin fin. Y precisamente entonces dio con otro fragmento.</p>
<p>Sí, había bailado con la pequeña, o había querido, o debido, bailar con ella, y la niña había ejecutado, todavía por su cuenta, una serie de lozanos pasos de baile, muy elásticos y dotados de una energía encantadora ¿Habían llegado a bailar en realidad los dos? ¿No lo había hecho ella sola? No. No, él no había bailado, sólo había querido hacerlo, más aún, había acordado con alguien que bailaría con esa morenita. Pero después ella había comenzado a bailar sola, sin él, y él había sentido cierto temor o timidez ante la idea de bailar; se trataba de un boston, no conocía bien ese baile. No obstante, ella había empezado a bailar, sola, juguetona, sus zapatitos marrones habían descrito cuidadosamente, con un ritmo maravilloso, las figuras del baile sobre la alfombra. Pero ¿por qué no había bailado también él? 0 ¿por que había deseado bailar en un principio? ¿Que acuerdo había sido ése? No logró descubrirlo.</p>
<p>Se hizo otra pregunta: ¿qué aspecto tenía la simpática muchachita? ¿A quién le recordaba? Pensó largo rato en vano, todo parecía inútil otra vez, y por un momento llegó a impacientarse y a irritarse, estuvo a punto de dejarlo correr todo de nuevo. Pero ya comenzaba a aparecer una nueva idea, se divisaba otro rastro. La pequeña se parecía a su amada&#8230; olí, no, no se le parecía, incluso le había sorprendido encontrarla tan distinta, pese a ser efectivamente su hermana. ¡Alto! ¿Su hermana? Olí, ahora todo el rastro resultaba dato otra vez, todo adquiría sentido, todo estaba de nuevo al descubierto. Volvió a comenzar las notas, entusiasmado con la inscripción que de pronto empezaba a perfilarse, profundamente conmovido por la recuperación de las imágenes que creía perdidas.</p>
<p>Había sucedido así: en el sueño había aparecido su amada, Magda, y no se había mostrado pendenciera y malhumorada como en los últimos tiempos, sino extraordinariamente amable, algo callada, pero alegre y bonita. Magda le había recibido con una curiosa ternura silenciosa, le había dado la mano, sin un beso, y le había explicado que deseaba presentarle por fin a su madre; y además de la madre había conocido a la hermana pequeña, que estaba destinada a ser más tarde su amada y esposa. La hermana era mucho más joven y le gustaba el baile; la mejor forma de conquistarla sería bailar con ella.</p>
<p>¡Qué hermosa había aparecido Magda en ese sueño! ¡Cómo había brillado en sus ojos, en su frente clara, en su espesa cabellera fragante todo lo extraordinario, adorable, espiritual, tierno de su ser, tal como él lo viviera en las primeras imágenes que de ella se formara en la época de máximo amor!</p>
<p>Y entonces, en el sueño, le había llevado a una casa, a su casa, a la casa de su madre y de su infancia, a la casa de su espíritu, para que viera a su madre y a su hermanita más bonita, para que conociera a esa hermana y la amase, puesto que le estaba destinada como amada. Pero ya no podía recordar la casa, sólo un vestíbulo vacío en el que tuvo que esperar, y tampoco podía representarse ya a la madre; al fondo sólo se vislumbraba una mujer de edad, una ama o enfermera, vestida de gris o de negro. Pero entonces había venido la pequeña, la hermana, una niña encantadora, de unos diez u once años pero cuya manera de ser parecía de catorce. En particular, su pie resultaba tan infantil en el zapato marrón, tan absolutamente inocente, risueño e incauto, tan poco aseñorado y, sin embargo, ¡tan femenino! Había recibido su saludo con simpatía, y a partir de ese momento Magda había desaparecido, sólo quedaba la pequeña. Recordando el consejo de Magda, la había invitado a bailar. Y ella había aceptado en seguida, arrebolada, y había comenzado a bailar, sola, sin vacilación, y él no había osado enlazarla y bailar con ella, en primer lugar porque resultaba tan bella y perfecta en su danza infantil, y también porque bailaba un boston, un baile que no era su fuerte.</p>
<p>En medio de sus esfuerzos por recuperar las imágenes del sueño, el literato tuvo que reírse un instante de sí mismo. Le vino a la memoria que poco antes aún había estado pensando en lo inútil que resultaba esforzarse por componer un nuevo poema de primavera, considerando que todo eso ya había sido dicho antes de forma insuperable; pero al recordar el pie de la niña cuando bailaba, los ligeros movimientos adorables del zapatito marrón, la nitidez del paso de baile que trazaba sobre la alfombra, y el hecho de que, no obstante, toda esa hermosa gracia y seguridad estaba cubierta de una capa de timidez, de un olor de vergüenza infantil, comprendió que bastaba componer un canto a este pie de niña para superar todo lo que habían dicho los poetas anteriores sobre la primavera y la juventud y el presentimiento del amor. Pero en cuanto sus reflexiones comenzaron a perderse por estos derroteros, en cuanto comenzó a jugar distraído con la idea de un poema «A un pie en un zapato marrón», percibió con temor que todo el sueño estaba a punto de escapársele de nuevo, que todas las imágenes anímicas perdían densidad y se esfumaban. Angustiado, impuso orden en sus ideas, advirtiendo, empero, que en ese momento, aun cuando hubiese tomado nota de su contenido, el sueño había dejado de pertenecerle por completo, que comenzaba a hacerse viejo y extraño. Y al instante tuvo también la sensación de que siempre sucedería lo mismo: que esas encantadoras imágenes sólo le pertenecerían e impregnarían su espíritu con su fragancia mientras permaneciese junto a ellas de todo corazón, sin otras ideas, sin proyectos, sin preocupaciones.</p>
<p>El poeta emprendió el camino de regreso pensativo, transportando el sueño ante sí como si se tratase de un juguete infinitamente frágil, hecho de finísimo cristal. Iba lleno de inquietud por su sueño. ¡Ay, si sólo lograse volver a reconstruir plenamente la figura de la amada del sueño! Recomponer el todo a partir del zapato marrón, del paso de baile, del resplandor del rostro moreno de la pequeña, a partir de esos escasos y preciosos restos, le parecía lo más importante del mundo. Y, de hecho, ¿no le había sido prometido como amor?, ¿no había nacido en los mejores y más profundos manantiales de su alma?, ¿no se le había aparecido como la imagen de su futuro, como presagio de las posibilidades de su destino, como su más auténtico sueño de dicha? Y mientras se inquietaba, muy en el fondo se sentía, empero, infinitamente feliz. ¿No era maravilloso que fuese posible soñar tales cosas, que uno llevase consigo ese mundo hecho de la más etérea materia mágica, que en el alma, tantas veces escudriñada con desespero en busca de algún resto de fe, de alegría, de vida, que en esa alma pudiesen brotar tales flores?</p>
<p>Al llegar a casa, el literato cerró la puerta tras sí y se echó en un diván. Libreta en mano, releyó atentamente las anotaciones y descubrió que de nada le servían, que no ofrecían nada, que, sólo creaban obstáculos y confusión. Arrancó las hojas y las destruyó meticulosamente, al tiempo que decidía no concentrarse, y súbitamente volvió a encontrarse esperando en ese vestíbulo vacío de la casa desconocida; al fondo divisó a una señora de edad, vestida de negro, que caminaba arriba y abajo muy inquieta, volvió a percibir el momento predestinado: Magda acababa de salir en busca de su nueva amada, más joven, más hermosa, la verdadera y eterna amada. La mujer lo contempló amable y preocupada, y bajo sus facciones y bajo su vestido gris aparecieron otras facciones y otros vestidos, rostros de amas y enfermeras de su propia infancia, el rostro y la bata gris de su madre. Y sintió que el futuro, el amor, también le salían al encuentro en esa casa de recuerdos, en ese círculo de imágenes maternales, fraternales. Al amparo de ese vestíbulo vacío, bajo las miradas de preocupadas, amables, fieles madres y Magdas, había crecido la niña cuyo amor debía favorecerlo, cuya posesión debía hacer su dicha, cuyo futuro también sería el suyo.</p>
<p>Y vio también cómo extraordinariamente tierna y sincera, sin un beso, lo saludaba Magda; su rostro encerraba de nuevo, bajo la luz dorada del crepúsculo, todo el encanto que antaño ofreciera para él; en el momento de la renuncia y la separación refulgía una vez más tan adorable como en sus tiempos más bienaventurados; su rostro más denso y profundo anticipaba a la más joven, la más hermosa, la auténtica, la única, a la que había venido a presentarle y ayudarle a conquistar. Parecía la propia imagen del amor, con su humildad, su capacidad de transformación, su magia entre maternal e infantil. Su rostro reunía todo lo que un día viera, soñara, deseara y cantara en esa mujer, toda la transfiguración y la adoración que le había aportado en la época cumbre de su amor; toda su alma, unida a su propio amor, se había hecho rostro, fulguraba visiblemente en las facciones sinceras, queridas, sonreía triste y amistosa por sus ojos. ¿Sería posible decir adiós a tal amada? Pero la mirada de ella decía que era preciso despedirse, que debía suceder algo nuevo.</p>
<p>Y lo nuevo entró sobre ágiles piececitos: entró la hermana, pero no se le veía el rostro, nada se le veía claramente excepto que era pequeña y graciosa, que llevaba zapatos marrones, que tenía el rostro moreno y que sus vestidos eran castaños, y que sabía bailar con una perfección embelesadora. Y además el boston, el baile que su futuro amante no sabía nada bien. Nada podía expresar mejor la superioridad de la niña sobre el adulto -experimentado, con frecuencia desengañado- que el hecho de que bailase con tanta ligereza y gracia y perfección, ¡y además el baile que él no dominaba, en el que él no tenía esperanza de superarla!</p>
<p>El literato pasó todo el día ocupado con su sueño, y cuanto más profundizaba en él, más bello le resultaba, más le parecía que superaba todas las composiciones de los mejores poetas. Mucho tiempo, durante días enteros, acarició deseos y planes de escribir este sueño de forma que manifestase esa infinita belleza, profundidad e intimidad, no sólo para el que lo soñara, sino también para otros. Tardó en abandonar estos deseos y esfuerzos y en comprender que debía contentarse, en su interior, con ser un verdadero poeta, un soñador, un visionario de espíritu, pero que su obra debería seguir siendo la de un simple literato.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2010/07/20/rastro-de-un-sueno-hermann-hesse/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;Pérdida y recuperación del pelo&#8221; &#8211; Julio Cortázar</title>
		<link>http://cuentos7.info/2010/06/07/perdida-y-recuperacion-del-pelo-julio-cortazar/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2010/06/07/perdida-y-recuperacion-del-pelo-julio-cortazar/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 07 Jun 2010 18:46:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=16</guid>
		<description><![CDATA[. Pérdida y recuperación del pelo Julio Cortázar Para luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines útiles, mi primo el mayor propugna el procedimiento de sacarse un buen pelo de la cabeza, hacerle un nudo en el medio y dejarlo caer suavemente por el agujero del lavabo. Si este [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Pérdida y recuperación del pelo</strong><br />
Julio Cortázar</p>
<p style="text-align: left;">
<p>Para luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines útiles, mi primo el mayor propugna el procedimiento de sacarse un buen pelo de la cabeza, hacerle un nudo en el medio y dejarlo caer suavemente por el agujero del lavabo. Si este pelo se engancha en la rejilla que suele cundir en dichos agujeros, bastará abrir un poco la canilla para que se pierda de vista.</p>
<p>Sin malgastar un instante, hay que iniciar la tarea de recuperación del pelo. La primera operación se reduce a desmontar el sifón del lavabo para ver si el pelo se ha enganchado en alguna de las rugosidades del caño. Si no se lo encuentra, hay que poner en descubierto el tramo de caño que va del sifón a la cañería de desagüe principal. Es seguro que en esta parte aparecerán muchos pelos, y habrá que contar con la ayuda del resto de la familia para examinarlos uno a uno en busca del nudo. Si no aparece, se planteará el interesante problema de romper la cañería hasta la planta baja, pero esto significa un esfuerzo mayor, pues durante ocho o diez años habrá que trabajar en algún ministerio o casa de comercio para reunir el dinero que permita comprar los cuatro departamentos situados debajo del de mi primo el mayor, todo ello con la desventaja extraordinaria de que mientras se trabaja durante esos ocho o diez años no se podrá evitar la penosa sensación de que el pelo ya no está en la cañería y que sólo por una remota casualidad permanece enganchado en alguna saliente herrumbrada del caño.</p>
<p>Llegará el día en que podamos romper los caños de todos los departamentos, y durante meses viviremos rodeados de palanganas y otros recipientes llenos de pelos mojados, así como de asistentes y mendigos a los que pagaremos generosamente para que busquen, separen, clasifiquen y nos traigan los pelos posibies a fin de alcanzar la deseada certidumbre.</p>
<p>Si el pelo no aparece, entraremos en una etapa mucho más vaga y complicada, porque el tramo siguiente nos lleva a las cloacas mayores de la ciudad. Luego de comprar un traje especial, aprenderemos a deslizarnos por las alcantarillas a altas horas de la noche, armados de una linterna poderosa y una máscara de oxígeno, y exploraremos las galerías menores y mayores, ayudados si es posible por individuos del hampa, con quienes habremos trabado relación y a los que tendremos que dar gran parte del dinero que de día ganamos en un ministerio o una casa de comercio.</p>
<p>Con mucha frecuencia tendremos la impresión de haber llegado al término de la tarea, porque encontraremos (o nos traerán) pelos semejantes al que buscamos; pero como no se sabe de ningún caso en que un pelo tenga un nudo en ei medio sin intervención de mano humana, acabaremos casi siempre por compxobar que el nudo en cuestión es un simple engrosamiento del calibre del pelo (aunque tampoco sabemos de ningún caso parecido) o un depósito de algún sílícato u óxido cualquiera producido por una larga permanencia contra una superficie húmeda. Es probable que avancemos así por diversos tramos de cañerías menores y mayores, hasta llegar a ese sitio donde ya nadie se decidirá a penetrar: el caño maestro enfilado en dirección al río, la reunión torrentosa de los detritus en la que ningún dinero, ninguna barca, ningún soborno nos permitirán continuar la búsqueda.</p>
<p>Pero antes de eso, y quizá mucho antes, por ejemplo a pocos centímetros de la boca del lavabo, a la altura del departamento del segundo piso, o en la primera cañería subterránea, puede suceder que encontremos el pelo. Basta pensar en la alegría que eso nos produciría, en el asombrado cálculo de los esfuerzos ahorrados por pura buena suerte, para escoger, para exigir prácticamente una tarea semejante, que todo maestro consçiente debería aconsejar a sus alumnos desde la más tierna infancia, en vez de secarles el alma con la regla de tres compuesta o las tristezas de Cancha Rayada.</p>
<p>Julio Cortázar (Extraído de &#8220;Historias de Cronopios y de Famas&#8221; 1962)</p>
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: center;"><a href="http://herbal-7.com/2010/05/29/thermo-bond-de-herbalife-estados-unidos/" target="_blank"><em>Thermo-Bond de Herbalife Estados Unidos</em></a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2010/06/07/perdida-y-recuperacion-del-pelo-julio-cortazar/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;Instrucciones para subir una escalera&#8221; &#8211; Julio Cortázar</title>
		<link>http://cuentos7.info/2010/05/03/instrucciones-para-subir-una-escalera-julio-cortazar/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2010/05/03/instrucciones-para-subir-una-escalera-julio-cortazar/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 03 May 2010 20:32:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=14</guid>
		<description><![CDATA[&#8220;Instrucciones para subir una escalera&#8221; Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a un nueva perpendicular, conducta que se repite en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>&#8220;Instrucciones para subir una escalera&#8221;</strong></p>
<p>Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el  suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a un nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados  como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquier otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.</p>
<p>Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al  que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. puesta en el primer peldaño dicha parte que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en este descansará el pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en este descansará el pie y en el primero descansará el pie. (los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).</p>
<p>Llegando en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.</p>
<p style="text-align: center;">Julio Cortázar<br />
(de &#8220;historias de Cromopios y de famas)</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2010/05/03/instrucciones-para-subir-una-escalera-julio-cortazar/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>LA LEYENDA DEL MAINUMBI</title>
		<link>http://cuentos7.info/2010/04/27/la-leyenda-del-mainumbi/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2010/04/27/la-leyenda-del-mainumbi/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 27 Apr 2010 01:11:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=11</guid>
		<description><![CDATA[. Cuentan que un día, allá por los comienzos del mundo, todos los insectos decidieron realizar una fiesta en el Cielo. Como todos tenías alitas, eligieron el lugar más alto: el Arco Iris. Sería una fiesta muy colorida. Así, miles y miles de bichitos se reunieron y partieron en una gran bandada. Por fin comenzaron [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<table width="468" border="0" align="center" cellspacing="0">
<tr>
<td height="15"><script type="text/javascript"><!--
google_ad_client = "pub-2198258712032778";
/* 468x15, creado 22/04/10 */
google_ad_slot = "2739811203";
google_ad_width = 468;
google_ad_height = 15;
//-->
</script><br />
<script type="text/javascript"
src="http://pagead2.googlesyndication.com/pagead/show_ads.js">
</script></td>
</tr>
</table>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p>Cuentan que un día, allá por los comienzos del mundo, todos los insectos decidieron realizar una fiesta en el Cielo. Como todos tenías alitas, eligieron el lugar más alto: el Arco Iris.</p>
<p>Sería una fiesta muy colorida. Así, miles y miles de bichitos se reunieron y partieron en una gran bandada.</p>
<p>Por fin comenzaron la música y el baile, al tiempo que la multitud danzaba, desenfrenada y olvidada de todo. Hasta del pobre Arco Iris, que no entendía nada de lo que estaba pasando.</p>
<p>Mientras esto sucedía arriba, abajo las demás criaturas se asustaron, porque el Cielo estaba totalmente cubiertode millares de puntos negros y del Arco Iris se veían apenas unas manchitas de azul y violeta&#8230;</p>
<p>Desesperado, el cielo comenzó a gritar:</p>
<p>- ¡Socorro! ¡Auxilio! ¡Vengan en mi ayuda!</p>
<p>Desde la tierra, los pájaros escucharon las súplicas y de inmediato fueron en su auxilio: durante muchas horas viajaron para llevar a todos los insectos de regreso a la Tierra&#8230;</p>
<p>El que más trabajo tuvo fue el picaflor, porque al ser tan pequeño, los insectos lo confundían con una libélula y no le llevaban el apunte.</p>
<p>Cuando todo estuvo calmo nuevamente, el Arco Iris quiso recompensar a las aves. Por ello, las reunió a su alrededor y les dió a cada una de ellas sus colores. Al picaflor, colibrí o mainumbí, como lo llaman los indios Guaraníes, el Arco Iris le dijo:</p>
<p>- A tí, por ser el más pequeño y el que más trabajo ha tenido, a tí te daré todos mis colores.</p>
<p>Por eso, este pájaro lleva en sus plumas los siete colores del Arco Iris.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2010/04/27/la-leyenda-del-mainumbi/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;LA MONTAÑA &#8221; &#8211; HERMANN HESSE</title>
		<link>http://cuentos7.info/2010/04/03/la-montana-hermann-hesse/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2010/04/03/la-montana-hermann-hesse/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 03 Apr 2010 07:51:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=6</guid>
		<description><![CDATA[LA MONTAÑA Todo transcurre, y todo lo nuevo envejece alguna vez. Mucho tiempo pasó desde aquella feria, y más de uno de los que entonces se enriquecieron, había vuelto a ser pobre. La muchacha de los largos cabellos de oro rojo estaba casada desde bastante tiempo atrás y ya tenía hijos que frecuentaban las ferias [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><strong>LA MONTAÑA </strong></p>
<p style="text-align: left;">
Todo transcurre, y todo lo nuevo envejece alguna vez. Mucho tiempo pasó desde aquella feria, y más de uno de los que entonces se enriquecieron, había vuelto a ser pobre. La muchacha de los largos cabellos de oro rojo estaba casada desde bastante tiempo atrás y ya tenía hijos que frecuentaban las ferias de la ciudad en las postrimerías de cada verano. La muchacha de los ágiles pies de bailarina era ahora la esposa de un maestro artesano de la ciudad. Aún sabía bailar magníficamente, mejor que muchas jóvenes; tenía tanto dinero como su marido había deseado en otro tiempo, y, según las perspectivas, a la alegre pareja el dinero le duraría toda la vida. La tercera muchacha&#8217; la de las manos lindas, era la que más pensaba en el hombre extraño de la barraca de los espejos. Ella no se había casado, es cierto, y tampoco se había enriquecido, pero conservaba sus manos delicadas que la privaron, por causa de su misma delicadeza, de volver a las tareas campesinas. En cambio, cuidaba a los niños de su aldea cuando era necesario, y les relataba cuentos de hadas e historias. Precisamente, por su intermedio, los niños habían conocido la historia de la fantástica feria, de los pobres que se habían enriquecido y de la transformación del país de Faldum en una montaña. Cuando refería aquellos sucesos, se miraba sonriente sus esbeltas manos de princesa, y podía creerse, dadas su emoción y ternura, que nadie había conseguido, excepto ella, una fortuna más radiante junto a los espejos, no obstante haberse quedado soltera y pobre y tener que dedicarse a contar sus bellas historias a niños ajenos.</p>
<p>Los que fueron jóvenes en aquellos tiempos, eran ahora viejos, y los viejos de entonces habían fallecido. Inmutable y sin edad se elevaba solamente la montaña; y cuando la nieve sobre su cumbre enceguecía a través de las nubes, parecía sonreír y estar contenta de no ser más un hombre, de no tener que contar más el tiempo de acuerdo con la medida humana. En lo alto, por encima de la ciudad y la campiña, brillaban las peñas de 1 montaña; su sombra poderosa se trasladaba cada día sobre el país; sus arroyos y torrentes anunciaban abajo, en e Rano, la llegada y el término de las estaciones del año; 1 montaña se había convertido en el sostén y padre de todas las cosas. Crecían sobre ella bosques y praderas con hierba ondulante y flores; las fuentes brotaban de ella, y también la nieve, el hielo y las piedras; de estas últimas brotaba un musgo colorido y junto a sus arroyos surgían nomeolvides. En sus entrañas había cuevas, por las que el agua goteaba como hebras de plata, año tras año y de piedra en piedra con una música inmutable; y en sus abismos había cámaras secretas donde con paciencia milenaria se iban formando cristales. En la cumbre de la montaña jamás había estado hombre alguno. Pero muchos pretendían saber que arriba de todo había un pequeño lago redondo, en el que nunca se había reflejado otra cosa que el sol, la luna, las nubes y los astros. Ningún hombre ni animal se había asomado a aquella taza que la montaña ofrecía al cielo, porque ni las águilas volaban tan alto.</p>
<p>Los habitantes de Faldum vivían contentos en la ciudad y en los numerosos valles; bautizaban a sus hijos, se dedicaban al comercio y a la industria. y unos sepultaban a los otros. Y todo lo que pasaba de generación en generación y que sobrevivía, era su conocimiento y sus sueños acerca de la montaña. Pastores y cazadores de gamuzas, los que recogían el heno en las laderas de la montaña y los buscadores de flores, vaqueros y viajeros incrementaban el tesoro de esa tradición, y tanto los poetas líricos como los narradores se encargaban de transmitirlo. Ellos sabían de cavernas oscuras e interminables, de, cascadas sombrías en abismos escondidos, de glaciares profundamente hendidos y también aprendían a conocer los cursos de los aludes y los cambios meteorológicos. Y lo que llegaba a la campiña en lo concerniente al calor y al frío, al agua o al crecimiento, al tiempo bueno o malo y a los vientos, todo esto provenía de la montaña.</p>
<p>De los tiempos primitivos ya nadie sabía nada. Es cierto que existía la hermosa leyenda de la feria maravillosa en la que todas las almas de Faldum pudieron formular su deseo. Pero el que la montaña también hubiese surgido ese día, eso no quería creerlo nadie. La montaña, se daba por cierto, estaba en su sitio desde el origen de las cosas y allí seguiría por toda la eternidad. La montaña era la patria, era Faldum. Pero la historia de las tres muchachas y la del violinista eran escuchadas con placer. Y siempre se hallaba, aquí o allá, a un muchacho que se abstraía profundamente tocando el violín a puertas cerradas, soñando con disiparse tras la creación de su melodía más bella, para luego volar hacia el cielo como el celestial violinista del cuento.</p>
<p>La montaña continuaba viviendo serenamente en su grandeza. Todos los días veía salir del océano al lejano y rojo sol y presenciaba su paseo circular en torno de Su apogeo, del este hacia el oeste, y todas las noches contemplaba el mismo tranquilo camino de las estrellas. Cada año el invierno la cubría con una profunda capa de nieve e hielo; y cada año, en el momento indicado, los aludes buscaban su ruta, y lindando con los restos de nieve reían los ojos datos de las flores de verano con colores azules y amarillos, y los arroyos saltaban rebosantes, y los lagos ofrecían un cálido azul a la luz del día. En abismos invisibles tronaban sordamente las aguas perdidas; el lago en la cima, redondo y pequeño, yacía cubierto de hielo compacto y aguardaba todo el año para -en el breve plazo de la culminación del estío-, abrir su ojo límpido y reflejar el sol durante unos pocos días y las estrellas durante unas pocas noches. En cavernas tenebrosas se detenían las aguas; las rocas resonaban con un gotear continuo; y en gargantas escondidas crecían con exactitud los cristales en busca de su perfección.</p>
<p>Al pie de la montaña, y algo más alto que la ciudad, se extendía un valle, por donde discurría un arroyo ancho de claros reflejos, entre chopos y sauces. Allí se dirigían los jóvenes enamorados y aprendían de la montaña y de los árboles las maravillas de las estaciones. En otro valle se ejercitaban los hombres con sus armas y caballos. Y en la más elevada cima de un peñasco cortado a pique ardía una hoguera imponente la primera noche de verano de cada año.</p>
<p>Transcurrió el tiempo y la montaña proseguía amparando el valle del amor y el campo de maniobras; ofrecía espacio a pastores y a leñadores, a cazadores y balseros; proporcionaba piedras para la construcción y el hierro para las fundiciones. Indiferente, contemplaba y toleraba el primer fuego de verano sobre su cúspide; lo vio cien veces y luego centenares de veces más. Vio cómo la ciudad se extendía allí abajo con sus pequeños brazos truncados y cómo crecía más allá de las viejas murallas. Vio a los cazadores olvidarse de sus ballestas y disparar con armas de fuego. Los siglos le pasaban volando como si fueran las estaciones del año, y los años como horas.</p>
<p>No le preocupó que durante el curso de los años, en una ocasión, dejase de brillar el rojo fuego del solsticio sobre la plana superficie del peñasco, allá en la cumbre. Tampoco le causó preocupación que en el extenso correr de los tiempos el valle de los ejercicios militares quedara abandonado y que en el campo de maniobras crecieran llantenes y cardos. Y no se opuso a que una vez, en el largo decurso de los siglos, un hundimiento alterara su forma, ni que bajo las rocas desprendidas media ciudad de Faldum quedara reducida a escombros. Apenas si miró hacia abajo, y no percibió que la arruinada ciudad no volvió a ser reconstruida.</p>
<p>Nada de aquello llegó a preocuparle. Pero otras cosas sí comenzaron a darle cuidado. Los tiempos pasaban volando, y la montaña se había puesto vieja. Cuando veía salir el sol, hacer su carrera y desaparecer, ya no era como antes; y cuando las estrellas se reflejaban en el descolorido glaciar, ya no se sentía semejante a ellas. Las estrellas y el sol dejaron de ser ahora importantes en su vida. Ahora lo importante era lo que le acontecía a ella misma, lo que pasaba en su interior. Pues experimentaba cómo en lo más hondo, dentro de sus peñas y oquedades, iba trabajando una mano desconocida, cómo se iba desmoronando su fuerte sustancia pétrea primitiva y se descomponía en depósitos de pizarra, cómo los arroyos y cascadas se devoraban con un impulso cada vez mayor. Habían desaparecido glaciares y nacido lagos; hubo bosques que se transformaron en pedregales y praderas en negros pantanos; corrían hacia el infinito en forma de puntiagudas lenguas los yermos cordones de morenas y las estrías de cantos rodados, extendiéndose por el país, el cual, en sus partes inferiores, también había experimentado extraños cambios, pues se había vuelto singularmente pedregoso, estaba calcinado v envuelto en silencio. La montaña se recluía más y más en sí misma. Advertía bien que ni el sol ni los astros eran ya sus semejantes. Sus semejantes eran el viento y la nieve, el agua y el hielo. Su semejante era lo que parece eterno y, no obstante, desaparece lentamente, hasta irse extinguiendo de a poco.</p>
<p>Mientras tanto, guiaba más fervorosamente sus arroyos hacia el valle; hacía rodar con mayor solicitud sus aludes; ofrecía con más ternura sus praderas de flores al sol. Y le sucedió que en su avanzada vejez recordase nuevamente a los hombres. No es que hubiese considerado a los hombres como sus semejantes, pero comenzó a buscarlos con la vista, a sentirse abandonada, comenzó a pensar en el pasado. Sólo que la ciudad ya no estaba en su sitio, ni había canciones en el valle del amor, ni tampoco quedaban cabañas entre los pastos alpestres. Ya no había hombres allí. También ellos habían pasado. Imperaban el silencio y lo marchito, una sombra se extendía por el aire.</p>
<p>La montaña se estremeció al percatarse de lo que la extinción significaba, y después del estremecimiento su cima se desplomó hacia un costado. Y fragmentos de roca rodaron a continuación por el valle del amor -que desde mucho tiempo atrás yacía lleno de piedras- y llegaron al mar.</p>
<p>Sí, los tiempos eran diferentes. ¿Por qué, si no, se acordaría incesantemente de los hombres? ¿No hubiera constituido aquello un hecho maravilloso antaño, cuando ardían las hogueras estivales, y cuando la juventud, en parejas, concurría al valle del amor? ¡Oh, cuán dulces y cálidas habían resonado allí esas canciones!</p>
<p>La vieja montaña se abismó por completo en sus recuerdos; apenas advertía el paso de los siglos; apenas sentía que en sus grutas, aquí y allá, algo se desmoronaba o cedía con un tronar sordo. Cuando pensaba en los hombres, le dolía como una reminiscencia vaga de edades pretéritas, una emoción y amor difíciles de comprender, un sueño oscuro y flotante como si en el pasado ella misma hubiera sido un hombre o semejante a ellos, como si hubiese cantado y oído cantar, como si alguna vez, en sus días más tempranos, hubiese pasado por su corazón el pensamiento de lo perecedero.</p>
<p>Las edades transcurrieron. Mientras se iba hundiendo, rodeada por ásperos desiertos pedregosos, la montaña moribunda se entregaba a sus sueños. ¿Cómo había sido ella en el pasado? ¿No quedaría algún eco, un fino hilo de plata que la uniera al mundo anterior? Afanosamente escarbaba en la noche de los recuerdos enmohecidos, repasaba incansablemente los hilos estropeados, se inclinaba cada vez más hacia el abismo de las cosas ya ocurridas&#8230; En tiempos lejanos, ¿no había ardido dentro de ella un sentimiento de comunidad, un amor? Ella, la solitaria, la gigantesca, ¿no había sido también, allá en el tiempo más remoto, un igual entre iguales? ¿No le había cantado también una madre en el principio de las cosas? A fuerza de pensar y pensar, sus ojos, los lagos azules, se enturbiaron y se volvieron espesos, se transformaron en ciénagas y pantanos, y sobre las fajas de césped y los pequeños espacios con flores, brotaba la rocalla. Siguió pensando, y de una lejanía increíble le llegó una resonancia; percibió el flotar de unas notas, una canción, una melodía humana, y tembló ante el doloroso placer del reconocimiento. Escuchó los sonidos, y vio a un hombre, a un adolescente, totalmente envuelto en ellos, que se cernía en el soleado cielo a través del aire. Cien recuerdos sepultados se agitaron y comenzaron a brotar y a crecer. Vio un rostro humano de ojos oscuros, y los ojos le. preguntaban apremiantes: «¿No quieres expresar un deseo?»</p>
<p>Y entonces formuló un deseo, un deseo silencioso. Y mientras lo hacía, la abandonó aquel tormento de verse constreñida a recordar cosas tan remotas y ya desaparecidas, y se alejó de ella todo lo que la había afligido. Montaña y país se hundieron, y donde había estado Faldum. se agitó ancho y tumultuoso el mar infinito. Y encima, el sol y las estrellas siguieron su curso.</p>
<p style="text-align: center;">HERMANN HESSE</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.obesidad7.com/" target="_blank"><em>Obesidad y Salud</em></a></p>
<div id="_mcePaste" style="position: absolute; left: -10000px; top: 0px; width: 1px; height: 1px; overflow: hidden;">
<table style="border-collapse: collapse; width: 293pt;" border="0" cellspacing="0" cellpadding="0" width="390">
<col style="width: 293pt;" width="390"></col>
<tbody>
<tr style="height: 12.75pt;" height="17">
<td class="xl64" style="height: 12.75pt; width: 293pt;" width="390" height="17">http://www.yeguas.cl/</td>
</tr>
</tbody>
</table>
</div>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2010/04/03/la-montana-hermann-hesse/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Publicaciones Anteriores</title>
		<link>http://cuentos7.info/2010/04/03/publicaciones-anteriores/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2010/04/03/publicaciones-anteriores/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 03 Apr 2010 07:45:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=3</guid>
		<description><![CDATA[. Para ver publicaciones anteriores, visita http://cuentos-7.blogspot.com/ .]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Para ver publicaciones anteriores, visita <a href="http://cuentos-7.blogspot.com/" target="_blank">http://cuentos-7.blogspot.com/</a></strong></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2010/04/03/publicaciones-anteriores/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Boletines Electrónicos gratis y publicaciones anteriores</title>
		<link>http://cuentos7.info/2000/11/07/boletines-electronicos-gratis-y-publicaciones-anteriores/</link>
		<comments>http://cuentos7.info/2000/11/07/boletines-electronicos-gratis-y-publicaciones-anteriores/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 07 Nov 2000 11:54:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cuento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://cuentos7.info/?p=72</guid>
		<description><![CDATA[. Boletines Electrónicos gratis y publicaciones anteriores &#160; Estimados suscriptores: &#160; Frecuentemente estoy recibiendo consultas solicitando instrucciones para suscribirse a alguno de los boletines electrónicos que manejo. &#160; También recibo consultas sobre donde puede encontrar publicaciones anteriores de algún boletín. &#160; Poco a poco estoy construyendo una tabla (ver más abajo) con las direcciones donde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p align="center"><strong>Boletines Electrónicos gratis y publicaciones anteriores</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estimados suscriptores:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Frecuentemente estoy recibiendo consultas solicitando instrucciones para suscribirse a alguno de los boletines electrónicos que manejo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>También recibo consultas sobre donde puede encontrar publicaciones anteriores de algún boletín.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poco a poco estoy construyendo una tabla (ver más abajo) con las direcciones donde podrán encontrar las instrucciones de los distintos boletines electrónicos o mailing lists que manejos, así como varias de las publicaciones anteriores de cada boletín.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<div align="center">
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185"><strong>Publicaciones anteriores</strong></td>
<td valign="top" width="171"><strong>Boletín Electrónico</strong></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223"><span style="text-decoration: underline;"> </span></td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223"><strong>Frases, citas, proverbios y refranes</strong></td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Citas memorables</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.memorables.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/citas_memorables.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Citas para El Alma</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://alma7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://clip7.com/boletines/citas_alma.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Citas pa’l bronce</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.bronce7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/citas_bronce.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Citas sobre el amor</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://amor7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/citas_amor.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Frases geniales</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.geniales.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/frases_geniales.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Frases Memorables</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.frases-memorables.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/frases_memorables.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Frases para el alma</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://frases-alma.imagenes-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/frases_alma.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Frases sobre el Amor</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://frases-amor.imagenes-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/frases_amor.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Klipfiti: humor &amp; ironía</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://klipfiti.imagenes-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/klipfiti.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Proverbios</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.proverbios.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/proverbios.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Refranes</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.refranes7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/refranes.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223"><strong>Hogar</strong></td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Recetas de cocina tradicional</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.recetas7.net/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/recetas_tradicionales.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Recetas light &#8211; dietéticas</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.recetas7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/dieteticas.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Recetas para microondas</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.microondas7.cl/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://clip7.com/boletines/microondas.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Tips y Trucos</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.trucos7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/tips_trucos.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223"><strong>Humor</strong></td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Chistes gráficos</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://humor7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/humor_grafico.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Chistes locos</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.chistes7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/chistes_locos.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Citas pa’l bronce</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.bronce7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/citas_bronce.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">EcoComicos</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.ecocomicos.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/ecocomicos.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Empobrezca su vocabulario</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.klip7.cl/klip7e/enlinea/vocabulario/index.html">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/vocabulario.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Frases geniales</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.geniales.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/frases_geniales.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Futbol</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://futbologico-7.blogspot.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://mx.groups.yahoo.com/group/futbologico/">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Humor y curiosidades PPS (Power Point)</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.elistas.net/lista/humor-pps/archivo/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/pps_humor.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Klipfiti: humor &amp; ironía</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://klipfiti.imagenes-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/klipfiti.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Leyes de Murphy</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.leyes7.cl/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/leyes_murphy.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223"><strong>Imágenes</strong></td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Animales</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://klepy.com/imagenes-animales/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/tons_imagenes.htm">Boletín Electrónico</a> (1)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Arañas</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://klepy.com/imagenes-aracnidos/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/tons_imagenes.htm">Boletín Electrónico</a> (1)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Autos, carros, coches</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.imagenes-autos.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://clip7.com/boletines/autos.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Aves</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://aves.imagenes-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/tons_imagenes.htm">Boletín Electrónico</a> (1)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Aviones</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://aviones.imagenes-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/aviones.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Bichitos</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://bichitos.imagenes-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/tons_imagenes.htm">Boletín Electrónico</a> (1)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Caballos</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://caballos.imagenes-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/equinos.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Chistes gráficos</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://humor7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/humor_grafico.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Colorear</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://colorear.imagenes-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/colorea.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Delfines</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.delfines7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/delfines.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Elefantes</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://elefantes7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/tons_imagenes.htm">Boletín Electrónico</a> (1)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Emoticones</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://emoticones.imagenes-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/emoticones.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Felinos</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://felinos.imagenes-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/tons_imagenes.htm">Boletín Electrónico</a> (1)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Firmas animadas</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.firmas7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/nombres.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Flores</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://flores.imagenes-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/tons_imagenes.htm">Boletín Electrónico</a> (1)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Fotos de Colección</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://fotos-coleccion.imagenes-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/fotos_coleccion.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Fotos locas</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://fotos-locas.imagenes-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/fotos_locas.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Fondos para mails</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://fondos.imagenes-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/fondos.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Fuentes – fonts –Tipos de letra</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.egrupos.net/grupo/fuentes7/archivo/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/fuentes.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Gatitos</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.gatitos7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/gatitos.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Ilusiones ópticas</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.ilusiones-opticas.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/opticas.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Mariposas</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://mariposas-7.net/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/tons_imagenes.htm">Boletín Electrónico</a> (1)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Mundo marino</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.marinos7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/mundo_marino.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Nombres animados</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.firmas7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/nombres.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Osos</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.imagenes-osos.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/tons_imagenes.htm">Boletín Electrónico</a> (1)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Osos Panda</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://pandas-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/tons_imagenes.htm">Boletín Electrónico</a> (1)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Papelería</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://fondos.imagenes-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/fondos.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Perros</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.perros7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/mundo_canino.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Trastornos del Sueño</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.dormir7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/dormir.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Tags &#8211; marquitos</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://tags7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.egrupos.net/grupo/tags7">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Tiernas</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://tiernas.imagenes-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/tiernas.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Tipos de letra – fonts</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.egrupos.net/grupo/fuentes7/archivo/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/fuentes.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Toneladas de imágenes</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://varias.imagenes-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/tons_imagenes.htm">Boletín Electrónico</a> (1)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Wallpapers</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.wallpaper7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://clip7.com/boletines/wallpapers.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223"><strong>Para Ellas</strong></td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223"></td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Menopausia (nueva)</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.menopausia-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.boletines-electronicos-7.com/2011/08/14/menopausia-y-climaterio-de-la-mujer/">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Salud mujer</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.salud-femenina.net/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/femenina.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223"></td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223"><strong>Para Ellos</strong></td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Fórmula Uno</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://automovilismo7.blogspot.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/f1.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Humor Futbol</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://futbologico-7.blogspot.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://mx.groups.yahoo.com/group/futbologico/">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Salud Masculina</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.salud-masculina.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.egrupos.net/grupo/salud-masculina">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">
<p align="center">
</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223"><strong>Para Pensar</strong></td>
<td valign="top" width="185">
<p align="center">
</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">
<p align="center">
</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Pensamientos</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.palabras7.cl/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/palabras_alma.htm">Boletín Electrónico</a> (2)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Pensamientos PPS &#8211; Power Point</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.elistas.net/lista/pps-pensamientos/archivo/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/pps_pensamientos.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Palabras para el Alma</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://palabras-alma.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/palabras_alma.htm">Boletín Electrónico</a> (2)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Poemas: El Atelier</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.poemas7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/atelier.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Salud Masculina</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.salud-masculina.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.egrupos.net/grupo/salud-masculina">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">
<p align="center">
</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223"><strong>Redes Sociales</strong></td>
<td valign="top" width="185">
<p align="center">
</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">
<p align="center">
</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Energía solar &#8211; renovables</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://twitter.com/#%21/panelessolares">Twitter</a></td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Frases y citas diarias</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://twitter.com/#%21/maxine7fox">Twitter</a></td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Noticias médicas</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://twitter.com/#%21/salud7">Twitter</a></td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Nutrición y obesidad</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://twitter.com/#%21/herbal77">Twitter</a></td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Publicaciones klip7</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://twitter.com/#%21/klip7">Twitter</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.facebook.com/klip77">Facebook</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Vida Saludable</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://twitter.com/#%21/saludable77">Twitter</a></td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">
<p align="center">
</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223"><strong>Salud</strong></td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Adicciones</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.adicciones7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/drogas.htm">Boletín Electrónico</a> (7)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Adulto mayor</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.adulto-mayor.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/tercera.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Alergias</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://alergias7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://feeds.feedburner.com/SaludYAlergias">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Alternativa &#8211; Natural</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.natural77.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://feedburner.google.com/fb/a/mailverify?uri=MedicinaNatural-Salud">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Alzheimer</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.alzheimer7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/alzheimer.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Anorexia y bulimia</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.anorexia7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/anorexia_bulimia.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Artritis, artrosis, osteoporosis</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.artritis7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/artritis-artrosis.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Asma</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.asma-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/asma.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Bebé</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.bebe7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/paternidad.htm">Boletín Electrónico</a> (6)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Cáncer</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.cancer7.net/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://clip7.com/boletines/cancer.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Cardiovascular &#8211; Vascular</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.cardiovascular7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/cardiovascular.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Cuidado personal y belleza</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.estetica7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://clip7.com/boletines/belleza.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Deportes &#8211; Ejercicio</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.deportes7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://clip7.com/boletines/deportes-ejercicio.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Diabetes</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.diabetes7.net/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/diabetes.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Dietas y nutrición</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://vida7.cl/blog/category/vida7/dietas/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://clip7.com/boletines/obesidad.htm">Boletín Electrónico</a> (4)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Ejercicio &#8211; Deportes</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.deportes7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://clip7.com/boletines/deportes-ejercicio.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Embarazo y fertilidad</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.embarazo7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/paternidad.htm">Boletín Electrónico</a> (6)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Epilepsia</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.epilepsia7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/neurologica.htm">Boletín Electrónico</a> (5)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Estética y cuidado personal</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.estetica7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://clip7.com/boletines/belleza.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Fármacos &#8211; medicamentos</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.farmacos7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/farmacos.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Familia</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.familia7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/paternidad.htm">Boletín Electrónico</a> (6)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Femenina</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.salud-femenina.net/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/femenina.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">General</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.salud7.org/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/salud.htm">Boletín Electrónico</a> (9)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Hombres</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.salud-masculina.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.egrupos.net/grupo/salud-masculina">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Infantil</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.pediatria7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/paternidad.htm">Boletín Electrónico</a> (6)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Masculina</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.salud-masculina.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.egrupos.net/grupo/salud-masculina">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Medicamentos &#8211; Fármacos</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.farmacos7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/farmacos.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Menopausia (nueva)</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.menopausia-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.boletines-electronicos-7.com/2011/08/14/menopausia-y-climaterio-de-la-mujer/">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Mujer</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.salud-femenina.net/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/femenina.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Natural &#8211; alternativa</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.natural77.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://feedburner.google.com/fb/a/mailverify?uri=MedicinaNatural-Salud">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Neurología</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.neurologia7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/neurologica.htm">Boletín Electrónico</a> (5)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Noticias medicas</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.egrupos.net/grupo/todo7/archivo/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.egrupos.net/grupo/todo7">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Nutrición</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.nutricion7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/nutricion.htm">Boletín Electrónico</a> (8)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Obesidad &#8211; Sobrepeso</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.obesidad7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://clip7.com/boletines/obesidad.htm">Boletín Electrónico</a> (4)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Pareja, matrimonio, romance</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.romance-7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/pareja.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Parkinson</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://parkinson7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/neurologica.htm">Boletín Electrónico</a> (5)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Pediatría</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.pediatria7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/paternidad.htm">Boletín Electrónico</a> (6)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Respiratoria &#8211; neumología</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.respiratorias.net/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://feeds.feedburner.com/SaludRespiratoria">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Sicología &#8211; Siquiatría</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.psiquiatria7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/sicologia.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">SIDA &#8211; VIH</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.vih7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.egrupos.net/grupo/vih">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Sobrepeso &#8211; obesidad</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.obesidad7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://clip7.com/boletines/obesidad.htm">Boletín Electrónico</a> (4)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Tabaquismo</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.tabaquismo7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/drogas.htm">Boletín Electrónico</a> (7)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Tercera edad</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.adulto-mayor.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/tercera.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Tips adelgazar</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.tips-dieta.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://clip7.com/boletines/obesidad.htm">Boletín Electrónico</a> (4)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Tips nutrición</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://tips-nutricion.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/nutricion.htm">Boletín Electrónico</a> (8)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Tips vida saludable</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://saludable7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/salud.htm">Boletín Electrónico</a> (9)</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Trastornos del sueño</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.dormir7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/dormir.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Vascular &#8211; Cardiovascular</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.cardiovascular7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/cardiovascular.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">VIH &#8211; SIDA</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.vih7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.egrupos.net/grupo/vih">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223"><strong>Twitter</strong></td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Energía solar &#8211; renovables</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://twitter.com/panelessolares">Twitter</a></td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Frases y citas diarias</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://twitter.com/maxine7fox">Twitter</a></td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Noticias médicas</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://twitter.com/salud7">Twitter</a></td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Nutrición y obesidad</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://twitter.com/herbal77">Twitter</a></td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Publicaciones klip7</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://twitter.com/klip7">Twitter</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.facebook.com/klip77">Facebook</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Vida Saludable</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://twitter.com/saludable77">Twitter</a></td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223"><strong>Varios</strong></td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Cinescopio</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://cinescopio-7.blogspot.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/cinescopio.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Cuentos</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.cuentos7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/cuentos.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Curiosidades y trivialidades</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.curiosidades7.info/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/curiosidades.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Ecología</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.ecologia-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://feeds.feedburner.com/ecologia-7/AnDB">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Energía Solar</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.solares.cl/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/energia_renovable.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Gadget</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.gadgets-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://clip7.com/boletines/webeando.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Línea Directa Chile &#8211; reclamos</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.ld7.cl/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/indignado.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Midis – música</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.elistas.net/lista/midis/archivo/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://www.clip7.com/boletines/midis.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">Tecnología</td>
<td valign="top" width="185"><a href="http://www.tecnologia-7.com/">Publicaciones anteriores</a></td>
<td valign="top" width="171"><a href="http://clip7.com/boletines/webeando.htm">Boletín Electrónico</a></td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="223">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="185">&nbsp;</td>
<td valign="top" width="171">&nbsp;</td>
</tr>
</tbody>
</table>
</div>
<p>(1)  Imágenes varias: boletín de alto tráfico</p>
<p>(2)  “Pensamientos” y “Palabras para el Alma”</p>
<p>(3)  Tecnologia y Gadgets</p>
<p>(4)  Obesidad, tips para adelgazar</p>
<p>(5)  Neurologia, alzheimer, parkinson</p>
<p>(6)  Salud Familia, embarazo, fertilidad, infantil bebé</p>
<p>(7)  Adicciones, tabaquismo</p>
<p>(8)  Nutrición</p>
<p>(9)  Salud general</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://cuentos7.info/2000/11/07/boletines-electronicos-gratis-y-publicaciones-anteriores/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

